Efectos del aislamiento

Así reacciona el organismo

Los efectos del aislamiento bajo tierra sobre el cuerpo humano han sido objeto de diversos estudios en los que intrépidos científicos se encerraban voluntariamente en cuevas. El pionero en este tipo de experiencias fue el francés Michel Siffre, quien en 1962 pasó 61 días en el interior de la cueva alpina (y helada) de Scarrasson. Sin luz natural, ni relojes, cuando salió al mundo exterior creía que sólo habían transcurrido 34 días. Esta pérdida de la noción del tiempo y el hecho de que su organismo hubiera seguido unos ritmos propios de vigilia y sueño llevaron a confirmar que todos tenemos un reloj interno que marca nuestros tiempos y sentaron las bases de la cronobiología.

Entre las experiencias más largas se cuentan las de:

Maurizio Montalbini: Un día y un año en una base subterránea. Al salir pensaba que su estancia había sido de 219 días.

Milutin Veljkovich: 463 días en la cueva de Samar (antigua Yugoslavia).

Michel Siffre: 205 días en la cueva Midnight (Texas).

Stefania Follini: 130 días en una cueva sellada en Nuevo Mexico (EEUU).

De sus encierros se ha concluído que el efecto más apreciable de la falta de contacto con el exterior es que se pierde la noción del tiempo y los ritmos biológicos se ralentizan. Los períodos de vigilia y sueño empiezan a ocupar de 26 a 28 horas, aunque se ha llegado a las 48 horas: 36 despierto y 14 dormido, con fases REM (en las que soñamos) más largas.

Además, la temperatura corporal más baja empieza a alcanzarse al principio del período de sueño, y no al final, como suele ocurrir en la superficie. En algunos casos, se han descrito alucinaciones y, en mujeres, el ciclo menstrual llega a cesar.

Como muestra de esa distorsión temporal, suele citarse la prueba que realizó Siffre en la cueva Midnight: cuando le pidieron que contara hasta 120 a razón de un dígito por segundo, tardó cinco minutos en realizar la tarea, que en realidad debía durar dos minutos. Tras su último encierro, 75 días que pasó en la gruta de Clamousse, cuando ya contaba 60 años, el científico describió así sus sensaciones: “Cuando uno está rodeado por la noche, con tan sólo una bombilla de luz, la memoria no captura el momento. Se le olvida. Después de uno o dos días, uno no recuerda lo que ha hecho un día antes. Y todo es completamente negro. Es como un largo día interminable.”

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