Enciclopedia renovada del amor (II)

Sólo los seres humanos abusamos del beso hasta la desmesura

12¿Por qué se ha convertido el beso en su símbolo?
“Es la forma de sexualidad más explícita y mejor permitida por todas las culturas, la máxima intimidad de la emoción. Los humanos somos los únicos que usamos y abusamos del beso hasta la desmesura”, nos cuenta Jesús de la Gándara, jefe del servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, y autor de El lenguaje de los besos y El planeta de los besos. Además, añade que: “Hay personas que ostentan conductas neuróticas o inadaptadas por carencia de besos. La carencia infantil de besos produce una especie de raquitismo emocional que afecta a la formación de la personalidad y se manifiesta en comportamientos ansiosos, glotones, egoístas o perversos”.

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13 ¿Existen en el mundo culturas que no se besan?
Según el libro El planeta de los besos, el 10% de los humanos, unos 650 millones de personas repartidos en tribus de Finlandia, China y Mongolia nunca se besa. En las mongolas, los padres huelen la cabeza a sus hijos.

14 ¿Y la costumbre de besarse bajo el muérdago?
Viene del frío. Según la leyenda, Balder, el dios escandinavo del sol de verano, fue resucitado con bayas blancas de muérdago. En agradecimiento, la diosa Frigga, su madre, se dedicó a besar a todo el que pasara bajo un árbol con esos frutos.

15 ¿Es mucho más importante para ellas?
Según se mire. Si hacemos caso al redactor jefe de edición estadounidense de Men’s Health, David Zinczenko, parece que sí. En su libro Hombres, amor y sexo, asegura que las mujeres piensan en sus relaciones sentimentales 1.095 horas al año, mientras que los hombres lo hacen una hora al día (es decir 365 al año). Sin embargo, el tiempo no lo es todo. En contra de cualquier cliché imperante, los hombres son más proclives que las mujeres a sacrificar logros profesionales por una relación amorosa. Al menos, eso fue lo que ocurrió cuando Catherine Mosher, del Duke Medical Center, y Sharon Danoff-Burg de la Universidad de Albany, pidieron a un grupo de chicos y chicas que eligieran entre su relación y su carrera (su formación) o viajar.

16 ¿Cómo se escribe una carta de amor?
Pues depende del remitente y del destinatario. Eso es lo que dice el primer manual de cartas de la Edad Media, recientemente descubierto en la Biblioteca Capitular de Verona (Italia) y analizado por Francesco Stella, de la Universiad de Siena. Entre otros consejos, apuesta por alabar siempre la belleza del otro con la ayuda de modelos mitológicos o imágenes de piedras preciosas, recordar los buenos momentos juntos y recurrir a la mención de muestras físicas de amor: abrazos, besos, etc.

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17¿Buscamos personas parecidas o es cierto que los opuestos se atraen?
Según los sociologos, buscamos parejas estables de nuestra misma raza, educación o formación, algo que puede reforzar la autoestima de ambos. En los rasgos más superficiales nos gusta lo diferente.

18 ¿Eso también es cosa de hombres?
Sí. Y la idea de que los hombres solo han empezado a abrir su corazón a las puertas del siglo XXI ha resultado un mito cultural. La historiadora Rebecca Earle, de la Universidad de Warwick (Reino Unido) lo ha derrumbado tras analizar más de 300 cartas de españoles residentes en las colonias americanas entre los siglos XVI y XVIII. En ellas, los bien bragados machos ibéricos de esa época no tenían empacho en expresar su pasión con gran intensidad y abundancia de detalles. Solían firmar como “tu esclavo” o “tu servidor” y, ante un rechazo, podían llegar a afirmar: “Mi corazón ha quedado destruido” o “con esos retrasos y malos momentos, sufro tormentos inimaginables al pensar que voy a perder a mi joya”, “querida, no sigo escribiendo, porque mis suspiros y lágrimas no me lo permiten”. Todo un ejemplo.

19 ¿De verdad solo lo separa un paso del odio?
Concretamente, el de la racionalidad. Al menos, si nos fijamos en su base biológica. El circuito cerebral del odio, investigado por Semir Zeki, del University College de Londres (Reino Unido), comparte dos zonas con el del amor: el putamen y la ínsula. Pero la diferencia neurológica entre estos sentimientos es que el odio mantiene activas zonas de la corteza cerebral que participan en la elaboración de juicios y en el razonamiento, y que se desactivan en los enamorados. Es decir, mientras el amor nos ciega, el odio nos permite maquinar la venganza.

20¿Por qué se asocia a la luna llena?
¿Porque venimos del mar? A lo mejor es mucho relacionar, pero para los corales de los grandes arrecifes, la esfera blanca en el cielo supone el pistoletazo de salida para que comiencen su desove anual en masa. Con ayuda de unos genes llamados criptocromas, detectan la débil luz azulada y ponen en marcha el mecanismo reproductor. En los humanos, esos mismos genes forman parte del mecanismo circadiano que nos conecta con los ritmos del planeta. Y aunque ya no ven la luz, ¿quién sabe si no “recuerdan” el efecto afrodisíaco del satélite?

21¿Cuanto tardamos en atrevernos a decir ‘te quiero’?
Unas más y otros menos. En una encuesta de la revista Stella se ponía de manifiesto que a ellas les cuesta 8 meses arrancar, y a ellos solo 7. La diferencia de velocidades podría deberse al significado que le atribuye cada sexo. El psicólogo Oliver James opina que las mujeres maduran antes y dotan a esta expresión de mayor carga emocional que si la dice un hombre. A él puede ayudarle a afrontar complejas emociones que no comprende bien.

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