¿Desde cuándo se fuma?

Un mal hábito que ha venido acompañándonos desde hace mucho

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Una representación maya de un jefe fumando. Ellos extendieron el hábito por toda América desde el s. V.

La planta del tabaco ha mantenido siempre una estrecha relación con el desarrollo de la humanidad y se sabe que por lo menos se cosechaban dos especies diferentes de tabaco en el Nuevo Continente, una era la Nicotiana Rústica (América del Norte), un tabaco cuya hoja tenía un alto contenido de nicotina y que por ser muy amarga era fumada en pipa para fumar y también mezclada con otras hierbas, la otra variedad, la Nicotiana Tabacum (América Central y del Sur), que era mucho más suave.

Esta última en concreto, la Nicotiana Tabacum, parece tener su origen en las tierras mayas sobre el año 2000 a.C. abarcando Guatemala, Honduras y los estados mexicanos de Chiapas, Campeche y Yucatán; estos pueblos eran grandes marinos y comerciaban por todo el Golfo de México y las islas del Caribe. Esto hace pensar que todas estas islas tengan en común el tabaco de México, lo que denominaban los mayas como "CIKAR" que en maya significa FUMAR. Fue en estos viajes como llegó a Cuba, donde lo denominaban los aborígenes "COHIBA".

Es cierto que se ha encontrado algo de nicotina en restos humanos de la Antigüedad en África y en el Próximo Oriente, pero no hay pruebas concluyentes de que el hombre fumara en Occidente antes del descubrimiento de América.

Entre los siglos V y VII d. C., los mayas y los toltecas usaron pipas para fumar tabaco con resina, y el hábito se expandió al continente. Uno de los hombres de Colón, Rodrigo de Jerez, está considerado el primer fumador europeo.

En 1493, cuando Rodrigo de Jerez volvió a España con un buen cargamento de aquellas hojas a bordo de “La Niña”, ya se había aficionado al consumo de la planta. Al parecer, su nuevo y humeante hábito escandalizó tantísimo a los vecinos de su pueblo nada más llegar, tanto que al volver a instalarse en Ayamonte, se tuvo que ocultar de la vista de la gente para poder fumar, pero su mujer lo espió y denunció a la Santa Inquisición.

El Santo Oficio le encarceló por sus hábitos paganos y diabólicos, acusado de brujería ya que «sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca».

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