Comer, untar y beber

Cuando los antiguos griegos y romanos querían “aderezar” su vida sexual, bebían unos tragos de un líquido llamado satirión, que se extraía de una especie de orquídea cuyos bulbos tenían forma de testículos (¿por qué pensar que la forma de la planta tenía que ver con su efecto?)

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Muy poco útil. Las cualidades afrodisíacas que se atribuyen al cuerno de rinoceronte están incidiendo en la desaparición de este animal.

Y ahí están los aztecas. Su emperador más famoso, Moctezuma, no era nadie sin un chocolate caliente. Más tarde le imitaron el famoso Casanova y el marqués de Sade. Hoy sabemos que en el chocolate se encuentra una sustancia activa muy estudiada, la feniletilamina, llamada “la anfetamina del amor”. Aun así, hay un estudio realizado en 2006 con el chocolate por Salonia y Fabbri, del departamento de Urología de la Universidad de Milán, llevado a cabo con 163 mujeres, en el cual no encontraron relación alguna entre la ingesta de chocolate y la respuesta sexual femenina. Muchos de los falsos afrodisiacos lo que sí tienen es un efecto placebo, en ocasiones muy intenso. Recuerdo hace unos años tomando unas cervezas con unos amigos que uno de ellos gastó una broma intentando convencernos de que poseía un spray que, aplicado sobre los genitales, producía erecciones potentes. Lo roció por sorpresa sobre la bragueta del donjuán del grupo, e inmediatamente asistimos a una ostensible erección. En realidad, el spray era un descongestivo nasal. En la actualidad, muchas de estas sustancias se siguen utilizando indiscriminadamente. En el mundo de la adicción a las drogas, algunas, como el éxtasis, las anfetaminas, la marihuana, el alcohol, la cocaína y otras, tienen la fama errónea –y en muchas ocasiones, altamente peligrosa– de aumentar la potencia. El problema es que la respuesta sexual se basa en una sorprendente y casi milagrosa armonía entre dos “enemigos” casi incompatibles del sistema nervioso autónomo: el simpático (el del estrés y la alertización) y el parasimpático (el del relax). Y esta difícil armonía hace que la respuesta sexual sea bastante lábil; es decir, inestable. El éxtasis, las anfetaminas, la cocaína, la yohimbina, etc., son simpaticomiméticos, o sea, estimulantes del sistema simpático, y suelen anular al parasimpático, cuya presencia es fundamental en la respuesta sexual. La cocaína es quizá una de las sustancias que tiene más fama de aumentar la excitación y la respuesta sexual. Pero, si bien es cierto que se la cita con frecuencia como un fuerte estimulante, también se sabe que provoca disfunciones sexuales. El investigador Robert Kolodny observó que el 17% de los 168 cocainómanos que estudió presentaba disfunciones eréctiles cuando consumía coca, y el 4% había padecido priapismo (erección mantenida y dolorosa) al menos una vez después de consumir coca. El éxtasis produce problemas de erección en el 40% de los varones que lo consumen. En cambio, el alcohol es un depresor del sistema nervioso y anula al sistema simpático. Todo lo contrario que los simpaticomiméticos, pero con efectos sexuales parecidos. En general, podemos decir que no existe un afrodisíaco realmente eficaz. Ojalá existiera, pero la verdad es que el día que alguien lo encuentre se hará inmensamente rico.

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