A pesar de las aglomeraciones, viajar en metro y otros medios de transporte público es más seguro que estar en la oficina o en un bar

El transporte público sufre aglomeraciones tras la vuelta al trabajo y las escuelas. Las circunstancias excepcionales como las nevadas recientes en Madrid y otras ciudades de España también provocan multitudes apretadas en el metro y otros transportes públicos.

¿Es peligroso viajar en transporte público? ¿Cuál es el riesgo de contagio en las aglomeraciones del metro comparado con otros entornos?

Mascarillas contra aerosoles

Gran parte del riesgo potencial de infección en los trenes y autobuses depende de lo concurridos que estén y de lo lejos que se pueda estar de otras personas en las paradas, estaciones y a bordo de los trenes.

Los estudios más recientes confirman que el coronavirus se propaga fundamentalmente por aerosoles, es decir, gotas microscópicas que las personas infectadas expulsan cuando tosen, estornudan, hablan o respiran. Estas gotitas pueden entrar en el cuerpo de otra persona a través de los ojos, la nariz o la boca.

Esto hace fundamental el uso de mascarillas, no tanto para protegerse de estas gotas, sino para proteger a los demás en caso de que estemos infectados, incluso sin presentar síntomas.

En este sentido, los contagios en transporte público, donde es obligatorio el uso de mascarillas, son menos probables que en otros entornos cerrados, como restaurantes o bares, donde la gente se quita la mascarilla para consumir comida o bebida.

Otra forma de contagio son los fómites, objetos o superficies donde se depositan los virus. Al tocar estas superficies y después tocarnos a nosotros mismos es posible contagiarse. Sin embargo esta vía de contagio es mucho menos importante de lo que se creía. Además, en el transporte público se desinfectan las barras y asientos con más frecuencia.

Los trenes se ventilan, los bares no tanto

La ventilación es el otro factor clave que influye en la transmisión del coronavirus. El riesgo de contagio en interior, en espacios cerrados, es mucho mayor que en el exterior y en espacios ventilados.

Por este motivo el riesgo de contagio en aviones es muy bajo, ya que el aire se renueva cada tres minutos y pasa a través de filtros HEPA. En el interior de los vagones el aire se renueva completamente cada dos minutos y medio. Al abrir y cerrar las puertas en las estaciones se aumenta aún más la eficacia.

Ni en España ni en otros países con alta incidencia de COVID-19, como el Reino Unido, se ha registrado hasta el momento ningún contagio en transporte público. Esto no quiere decir que el riesgo sea nulo.

Cuando la frecuencia entre trenes no es la suficiente y los vagones están abarrotados aumenta el riesgo debido a que no es posible mantener la distancia de seguridad. Las mascarillas evitan la propagación de los aerosoles, pero el riesgo de inhalarlos aumenta con la proximidad.

¿Qué hacer para mantenerse seguros en el transporte público?

La primera opción es no utilizarlo y caminar siempre que sea posible. Si no queda más remedio, estas son algunas medidas de seguridad básica:

  • Viajar en las horas de menor demanda siempre que sea posible
  • Tomar una ruta menos transitada y reducir el número de transbordos: los pasillos no están tan ventilados como los vagones.
  • Mantener la distancia de las otras personas tanto como sea posible.
  • Lavarse las manos concienzudamente con jabón durante al menos 20 segundos después de completar el viaje.
  • Usar correctamente la mascarilla cubriendo boca y nariz.

REFERENCIA

Public transport planning adaption under the COVID-19 pandemic crisis: literature review of research needs and directions