A tumba abierta

Entramos detrás de la camilla de Juanjo en un quirófano de última generación en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y por primera vez somos conscientes de la dimensión de su obesidad. Bromeando, le dice al enfermero que le pone la vía para anestesiarle que se aprenda bien su nombre: “No vaya a ser que se te olvide y luego no sepas despertarme”. Es la última frase que dice. La anestesia empieza a hacer efecto: diez, nueve, ocho… y cae dormido. El equipo se pone en marcha. Operación: bypass gástrico laparoscópico. A los mandos, Carmen Hernández.

 

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Minuto a minuto

Anestesiado y monitorizado (las constantes vitales aparecen en una pantalla), la barriga de Juanjo se tiñe de rojo, hay que desinfectar la zona por la que se introducirá el instrumental. Una pinza en su dedo capta el ritmo del corazón

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Minuto a minuto

Anestesiado y monitorizado (las constantes vitales aparecen en una pantalla), la barriga de Juanjo se tiñe de rojo, hay que desinfectar la zona por la que se introducirá el instrumental. Una pinza en su dedo capta el ritmo del corazón

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Primeras incisiones

A derecha e izquierda de su ombligo, la cirujana marca cinco puntos.

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Los instrumentos

Cinco trocares de 10 a 12 milímetros atravesarán las paredes del estómago de Juanjo y su capa de grasa.

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Al detalle

Carmen Hernández puede decir que conoce a Juanjo por dentro. Ve los órganos, el instrumental que maneja y los efectos de la intervención en la pantalla.

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Concentración total

Desde luego, está todo menos solo. Ocho personas le rodean y controlan las cinco fases de la intervención. En primer lugar, Carmen Hernández localiza la unión entre el esófago y el estómago de Juanjo; a continuación, le fabrica un nuevo órgano; después, secciona parte de su intestino delgado; y finalmente, une el estómago con el final del intestino.

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Ahora toca reposar

No ha habido problemas, la intervención ha durado tres horas. Solo queda despertarle: ¡Juanjo!

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