El paciente cero

Con ese nombre se conoce a la primera víctima de una nueva epidemia. Identificarla es un reto para la ciencia. Detrás de ella hay historias de marginación, tragedia…

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Del beso nació la epidemia

Un único individuo, el paciente cero, entra en contacto con el patógeno que causa una enfermedad. Estrechar su mano, besar su mejilla o simplemente estar cerca de él cuando estornuda puede ser suficiente para disparar el contagio a su alrededor. Los científicos trabajan en varias teorías sobre la dinámica de la expansión de las epidemias. Mientras sus estudios avanzan, la experiencia señala los puntos clave que pueden repetirse.

Fase 1
El paciente cero se infecta: Con un agente que el sistema inmunitario no anula y que es capaz de transmitirse a otras personas.

Por un alimento infectado: La cocinera Mary Mallon fue la primera persona portadora del patógeno asociado a la fiebre tifoidea, que pasó de sus manos a unas 53 personas.

Por zoonosis: Es una enfermedad que se transmite a los humanos desde otra especie animal. La malaria, la gripe aviar, la rabia y el ébola son algunos de los temidos ejemplos.

Por condiciones insalubres: La tuberculosis, por ejemplo, es una infección que suele surgir en entornos de hacinamiento y que se contagia fácilmente. En los países en los que está controlada, los brotes suelen llegar del exterior.

Fase 2
El círculo social cercano se contagia y el microbio pone a prueba su capacidad de contagio.

En la aldea africana de Mangala: Un niño de 15 años murió a los dos días de infectarse con el virus Bas-Congo (BASV). Solo dos personas más enfermaron. La virulencia cortó el contagio.

La vía de transmisión: Los estornudos, las toses y los apretones de manos facilitan la transmisión de algunos tipos de patógenos.

El primer caso de la epidemia de SARS de 2003 en China, afectó a Huang Xingchu: Él contagió a nueve enfermeros. En un año fallecieron de SARS unas 800 personas a lo largo de todo el mundo.

Fase 3
El riesgo se globaliza gracias a rápidas redes de transporte globales y grandes ciudades.

En marzo de 2009, un niño mexicano fue atendido por una
infección de la gripe H1N1: La enfermedad se extendió a California. Un mes después llegó a España, Israel, Nueva Zelanda, Alemania, Reino Unido y Suiza.

14 meses después, la pandemia de h1n1 tuvo baja mortalidad. En contraste con su amplia distribución, dejando tras de sí unas 19.000 víctimas.

Fase 4
La epidemia decae. La enfermedad es controlada o anulada.

La prevención y la contención: Sobre todo en forma de cuarentena. Los diques a la expansión son siempre útiles.

O el agente causante se desactiva por factores ambientales como las estaciones del año, como sucede con la gripe.

La triste vida de una propagadora del tifus

Hacia los primeros años del siglo XX, el nombre de Mary Mallon era sinónimo de buena mano para la cocina en las casas pudientes de Nueva York. Pero para mediados de la década de 1900, la malhablada irlandesa acaparaba portadas con el apodo de “Typhoid Mary” (María Tifoidea, en inglés).

Su triste destino comenzó a fraguarse cuando el ingeniero civil George Soper acudió a la casa de Oyster Bay donde prestaba servicio, en 1906, para investigar un brote de fiebre tifoidea. Soper, curioso, minucioso, diligente profesional, sospechó de la empleada, construyó una investigación detectivesca de su historia laboral y señaló la posibilidad de que Mallon fuera la causante; no solo de ese, sino también de otros brotes anteriores. A la cocinera no le gustó la idea; no cedió muestras de orina y de heces hasta que la policía la obligó.

Como si supiera que los resultados del análisis la señalarían como la primera portadora sana de la bacteria de Salmonella que causa el tifus abdominal. Como si presintiera su cuarentena de tres años. Ya libre, no dudó en incorporarse con otra identidad a la cocina del Hospital Sloane para Mujeres. Un nuevo brote infectó a 25 personas del centro. Dos fallecieron.

Fue aislada otra vez en una triste y célebre cuarentena que duró hasta su muerte, 23 años después, cuando se convirtió en la primera paciente cero de la historia.

La vergüenza del SARS

No se olvida fácilmente un nombre cuando el estigma del paciente cero ha caído sobre él. “He evitado a la mayoría de los amigos y compañeros de trabajo que conozco desde hace años, y rara vez vuelvo a mi ciudad natal”, declaró Huang Xingchu al periódico South China Morning Post el año pasado, una década después de la pandemia de SARS que dejó unos 750 muertos en todo el mundo.

Contando desde el momento en que el paciente cero sintió los primeros síntomas, los científicos han calculado que el síndrome respiratorio agudo severo se expandió por 29 países en menos de un año. El transporte aéreo y la facilidad para transmitirse, similar a la de la gripe, fueron determinantes. Ahora sano, el chino aún siente el peso del miedo de sus vecinos sobre sus hombros.

“Haría lo que fuera para que el mundo se olvidase de mi”, subrayó en la entrevista. Pero el mundo no le olvida. Su ocupación de cocinero en el momento de contraer la enfermedad fue fundamental para que los investigadores pusieran el foco de atención en la civeta, una especie de gato muy apreciado entre los comensales al sur de China. Se piensa que este animal contagió el virus a los humanos. Huang sigue negándolo.

El nuevo virus Bas-Congo y su identificación genética

Los casos cero no existen para los epidemiólogos. Ellos utilizan el término “caso índice” para referirse a los pacientes que dan origen a una epidemia o a un brote.

“La encuesta epidemiológica, la información de los casos encuestados –la fecha de inicio de los síntomas, los contactos del enfermo, la exposición a factores de riesgo, los viajes– y el diagnóstico de laboratorio son las herramientas principales del epidemiólogo”, señala la directora del Centro Nacional de Epidemiología, Isabel Noguer. Las novedades están en los sistemas de análisis genético. Tres casos bastaron para catalogar genéticamente, en 2012, el virus Bas-Congo como una nueva amenaza. Los dos primeros pacientes, un niño de 15 años y una niña de 13, murieron en 2009 tras tres días de terribles fiebres hemorrágicas.

La sangre de quienes habían estado en contacto con ellos fue suficiente para conocer el perfil genético de la nueva amenaza, un enemigo del que poco se sabe.

Un rastro bacteriano de siglos y milenios

Nunca estamos seguros al cien por cien de un caso índice; siempre debemos considerar la posibilidad de recabar nueva información retrospectivamente”, admite el médico epidemiólogo Jas Mantero. En su compromiso con Médicos Sin Fronteras, Mantero ha recorrido medio mundo. Pero su consejo nunca había llegado tan lejos como con un grupo de investigadores que ha viajado hasta el siglo XIX para estudiar el origen del cólera.

El estudio genético de una bacteria que provoca la enfermedad, preservada en un trozo de intestino de una víctima del brote de 1849 en Filadelfia, ha sido su guía. Su análisis de la evolución genética de la bacteria Vibrio colleræ sustenta la idea de que el cólera lleva siglos entre nosotros, quizá milenios. Sus resultados encajan con la teoría que sitúa la enfermedad en la primera transición epidemiológica, en la que la agricultura abrió un nicho a nuevas enfermedades, hace unos 10.000 años.

Enfermo y, además, culpable del sida

No había pruebas científicas, pero sobraban miedos, prejuicios y la ambición del periodista Randy Shilts y de su editor, Michael Denneny, por vender un nuevo libro que iba a ver la luz en plena irrupción de la pandemia, a principios de los ochenta.

El coste de la campaña era la reputación del auxiliar de vuelo de Air Canada Gaetan Dugas, sobre quien el texto levantó el mito del paciente cero del sida. De hecho, el libro popularizó el término en la sociedad norteamericana. Basándose en datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses y en información anecdótica, el periodista elaboró una historia de promiscuidad homosexual centrada en Dugas que le responsabilizaba de introducir el sida en Estados Unidos. La ignorancia prendió la mecha; el conocimiento borró la infamia.

Los estudios científicos sitúan en la actual Kinsasha (República Democrática del Congo), el origen del virus HIV-1, responsable de la mayor parte de los contagios en Europa y América. En realidad, todo comenzó hacia 1920.

Las lecciones del paciente cero del ébola

Tanto la documentación como los análisis de laboratorio llevaron a los investigadores al punto inicial del actual brote de ébola; a un funeral celebrado en Meliandou, en la prefectura de Guéckédou (Guinea), el 2 de diciembre del año pasado. Los asistentes enterraron allí a un niño de dos años: el caso índice. Trece mujeres fueron relacionadas con el ritual y la posterior expansión de la enfermedad a otros países africanos. Medio año después, la médica Fernanda Méndez visitaba la misma prefectura de Guéckédou.

Según la referente de Médicos Sin Fronteras para el ébola: “Hay que considerar la naturaleza de una enfermedad a la hora de confirmar un caso índice. Si es una zoonosis, el caso índice debe haber tenido contacto con algún animal”. Precisamente, el ébola es una zoonosis: se extiende de un animal a un ser humano antes de comenzar la cadena de contagio entre las personas. Por eso, la habilidad de los epidemiólogos para recabar información acerca del niño es tan importante. ¿Ha estado en contacto con murciélagos de la fruta, los principales propagadores del virus? ¿Ha comido fruta mordisqueada por esos mamíferos? ¿Ha convivido con otros animales recientemente?

La historia del caso índice del virus del Ébola muestra a los investigadores dónde deben buscar respuestas; cómo enfocar su esfuerzo si desean conocer mejor la enfermedad y evitar, en la medida de lo posible, que se vuelva a reproducir; qué alerta no debe pasar inadvertida.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Curiosidades