A la caza del mosquito tigre en Europa

Para que no propague enfermedades como el dengue

Quédate bien con esta descripción: pequeño, negro con rayas blancas en abdomen y patas, y una línea blanca en la cabeza y el tórax. Activo durante el día entre los meses de abril y noviembre, dependiendo de las temperaturas, y propenso a volar rápidamente muy cerca del suelo. Si ves un mosquito así, procura alejarte de su alcance. Su comida es tu sangre, y el aguijón que atraviesa tu piel puede dejarte algún presente indeseado: virus de al menos 20 enfermedades distintas, algunas graves, lo utilizan como medio de transporte para pasar de un humano a otro. Entre ellos, los responsables de la fiebre amarilla, el dengue y una infección africana llamada chikungunya, que provoca una dolorosa artritis.

Por eso, el proyecto piloto Atrapa el tigre quiere probar en 300 municipios de Girona una aplicación de Android para que los alumnos de secundaria y sus familias comuniquen sus avistamientos de estos mosquitos. Si resulta, el objetivo es ampliar la herramienta al resto de España en los próximos años, explica Frederic Bartumeus, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), porque “con un buen mapa de su distribución, podremos entender el proceso de dispersión y prevenirla educando a la población para que actúe en las zonas de riesgo antes de que llegue el mosquito”. La hembra del mosquito tigre (Aedes albopictus) se ha convertido en el vector de contagio de enfermedades tropicales que, hasta la llegada del insecto a nuestro continente desde el SE asiático en 1979, no se propagaban por Europa. En los últimos años se ha extendido por toda la cuenca mediterránea, con incursiones a Suiza y Alemania, y ha dejado casos de dengue en Francia y Croacia, y de chikungunya en Francia e Italia. Este país registró el brote más grave hasta ahora, con casi 300 personas infectadas en la provincia de Rávena en 2007.

El cambio climático va adecuando cada vez más hábitats a los requerimientos de esta especie invasora y debilitando a los potenciales enemigos que pudieran encontrar en ellos. Mientras, la creciente globalización les facilita el salto a largas distancias. Ante tal panorama, el estudio de su ciclo de vida y sus patrones de propagación ha cobrado importancia en laboratorios de todo el mundo, como el de la organización francesa antimosquitos Entente Interdépartamentale de Démoustication (EID) en Montpellier, y el del Instituto de Investigación para el Desarrollo en Bangkok (Tailandia), a los que corresponden las imágenes de este reportaje.

En España, donde aún no se ha registrado ningún caso de transmisión de esos males tropicales, se detectó su presencia por primera vez en 2004 en Sant Cugat del Vallès (Barcelona). Desde entonces se ha extendido hasta Valencia y Murcia siguiendo la autovía del Mediterráneo, y ha emigrado también hasta las Islas Baleares.

En coche a todas partes

Cada verano, época en la que despiertan los adultos aletargados y eclosionan los huevos que resistieron al invierno, aumentan sus posibilidades de ampliar territorio, y los esfuerzos de autoridades y ciencia por cortarle el paso. ¿Y qué podemos hacer nosotros? Tomar medidas sencillas, como evitar las pequeñas acumulaciones de agua que los tigre consideran sus nidos ideales: la lluvia que cae sobre una maceta o un juguete tirado en el balcón, la piscinita hinchable que se dejó en el patio...

Sin olvidar una ayuda que les prestamos involuntariamente: si bien en su selva originaria no se dispersan más de mil metros, porque cuentan con suficientes criaturas a las que “vampirizar”, aquí los llevamos en coche a cientos de kilómetros. No en vano, se cree que su migración a Europa se realizó en neumáticos importados. Nuestros vehículos satisfacen sus máximas expectativas de confort: acumulan calor y suelen tener tapicerías tan oscuras como los troncos en sombra de la jungla, cuyas oquedades suelen convertir en sus nidos.

Y no te conviene convertirte en su chófer. Incluso si no te contagia nada grave, quienes han sufrido su picadura aseguran que suele ser más molesta y duradera que las de nuestros mosquitos “de toda la vida”.

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Persistentes

La que nos pica es la hembra. Como no es capaz de succionar de una sola vez toda la sangre que necesita para alimentar a su prole; ataca una y otra vez a una misma persona. Preferentemente, en las piernas.

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¿Peligroso?


La disección de este ejemplar revelará si es portador de algún virus peligroso.

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Los mosquitos se multiplican

Cada semana, una hembra pone de 80 a 200 huevos. La mitad serán hembras, que repetirán la operación y, al cabo de otra semana, habrán puesto entre todas otros 3.200 huevos.

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Adultos en 48 horas

Las fases de larva y pupa se desarrollan a partir de los huevos en el agua. El adulto, ya con alas, vive en el aire y es capaz de picar al cabo de 48 horas.

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Prueba en ratones

La transmisión de virus por las picaduras se estudia utilizando ratones de laboratorio. El mosquito no sufre enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla; solo extrae los patógenos de un individuo y los inyecta en otro.

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Atrapados

Los investigadores utilizan como trampas pequeños tacos de poliestireno o madera con orificios. Los dejan en cubitos con un poco de agua  y los recogen llenos de huevos y larvas.

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