La evolución viene volando

En sólo 100 años algunas aves han cambiado la forma de sus alas

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El carbonero de Hudson (Poecile hudsonicus) es una de las especies en las que se ha observado el cambio.

Existe un antiguo dilema chino que reza: ¿Cómo suena un árbol cuando cae en un bosque si no hay nadie que lo escuche? El enigma no pretende buscar una solución, sino liberar nuestra mente de otros pensamientos. Pero parece que André Desrochers del Centro para la Investigación Forestal de la Universidad de Laval en Quebec (Canadá) ha encontrado la respuesta. Y suena a evolución.
La tala de árboles en los bosques canadienses ha hecho que en sólo 100 años cientos de aves que los habitan hayan cambiado la forma de sus alas para hacer frente a este cambio. La investigación comenzó cuando Desrochers leyó que existían aves que pese a ser de la misma especie, tenían diferentes formas de alas dependiendo de si realizaban migraciones o no.
Las alas que terminan en forma de punta son más eficientes para vuelos largos, pero las de forma redondeada aportan mayor maniobrabilidad. Fue entonces cuando Desrochers se preguntó si el hombre podía causar una cambio tan significativo en las aves como lo hacen las migraciones.
La actividad de la industria maderera en los bosques de Canadá ha hecho que las aves vuelen distancias mayores que las de sus ancestros para encontrar alimento y reproducirse. Desrochers estudió y midió las alas de 21 especies distintas (en total 851 animales) que habitan actualmente aquella región y luego comparó las mediciones con especímenes conservados en el Museo Canadiense de la Naturaleza y el Laboratorio Orinotológico de Cornell.
La comparación dio como resultado que, en promedio, las plumas de las alas de todas las especies, se hicieron un 2,23 milímetros más largas. Para saber si esto era un fenómeno aislado, decidió hacer la comparación inversa: ver si las aves que aún habitaban viejos bosques habían visto como sus alas se encogían. Y las ocho especies que estudió mostraron que las plumas de sus alas se habían reducido en unos 2,37 milímetros en promedio.
Desrochers concluye con esto que “algunas especies no son víctimas pasivas de los cambios ambientales, de hecho responden a estos cambios como mejor pueden”.
Lo sorprendente es que lo hagan en tan poco tiempo.

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