¿Cómo afecta a mi salud una tormenta de arena?

Las bacterias pueden adherirse a las partículas de polvo, las cuales son transportadas por el aire, ocasionando alergias o crisis asmáticas en humanos, pero puede ir a peor. 

Las tormentas de arena no son tan habituales en España, pero alguna vez las hemos sufrido y traen consigo efectos en la salud como alergias, crisis asmáticas, una gripe persistente… Fuera de nuestras fronteras, Israel es uno de los países que se enfrentan a este tipo de fenómeno con más habitualidad, con tormentas de polvo y arena provenientes de todos los puntos cardinales: desde el Sahara por el noreste, desde Arabia Saudí por el noroeste y desde zonas desérticas de Siria por su parte sureste. Esta peculiaridad ha promovido un estudio en el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) para investigar cómo puede afectar al ser humano estar expuesto a las partículas de polvo que transportan estas tormentas de arena y los resultados no son buenos.

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Un equipo liderado por el profesor Yinon Rudich ha descubierto que las bacterias se aferran a las partículas de polvo y pueden ser transportadas miles de kilómetros afectando a la salud de las personas. Y es que algunas de ellas podrían ser patógenas e incluso ser dañinas para el ecosistema. Las investigaciones muestran que las concentraciones de bacterias en la atmósfera se incrementan durante una tormenta de arena, así que gente que se encuentra en la calle puede estar expuesta a más bacterias de lo habitual y, por lo tanto, enfermar.

Pero el problema no termina aquí, porque el equipo del Instituto Weizmann también descubrió que parte de las bacterias transportadas en este tipo de tormentas llevan consigo genes de resistencia a los antibióticos. Uno de los retos a los que se enfrentan los científicos en el siglo XXI y que habitualmente viene dado por un mal uso de estos medicamentos, pero el hecho de encontrar otras fuentes de contagio resulta interesante para poder erradicar el problema. Pero la buena noticia, en este sentido, es que las concentraciones de estos genes con resistencia a los antibióticos no son tal altas comparadas con las que puedan transmitir los seres humanos y los animales de forma habitual. Por lo tanto, los investigadores consideran que por el momento no hay por qué alarmarse, pero sí estar con un ojo avizor.

Fuente: ScienceDaily

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