El captagón, la droga que convierte a los yihadistas en asesinos implacables

Es una variedad de las anfetaminas que inhibe el miedo y la sensación de dolor

En el registro realizado por la policía francesa en las dos habitaciones del hotel parisino donde se alojaban los terroristas abatidos en Saint-Denis, se encontraron varias jeringuillas. Estos instrumentos pudieron usarse para preparar el delicado material de los cinturones bomba, pero también se ha dicho que podrían haberse empleado para drogarse. Este extremo aún no se ha confirmado ni desmentido, ya que todavía no han trascendido los resultados de las pruebas realizadas a los cadáveres, pero nos conduce a un tema interesante: algunos yihadistas se drogan.

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En principio, el consumo de drogas está prohibido por la fe islámica, pero la causa que podría llevar a los terroristas a consumirlas sería que les ayudan a convertirse en máquinas de matar. Y es que los yihadistas no toman cualquier droga. Su preferida es el Captagon, nombre tras el que se encuentra una mezcla formada por fenetilina (un tipo de anfetamina) y cafeína, que puede consumirse bien oralmente o por vía intravenosa (lo que multiplica sus efectos) y que provoca la inhibición del meido y de gran parte de las sensaciones dolorosas.

La fenetilina nació con fines terapéuticos en 1961, cuando fue sintetizada por la empresa alemana Degussa AC, y fue utilizada como tratamiento para la depresión, la narcolepsia y los trastornos vinculados a la hiperactividad. Así fue hasta 1986, cuando la Organización Mundial de la Salud la incluyó en la lista de sustancias psicotrópicas con una elevada capacidad para crear adicción, lo que provocó que su uso fuera prohibido. A partir de entonces la fenitilina comenzó una segunda vida, rebautizada ya cómo captagon. Y así, mientras muchos jóvenes occidentales potenciaban sus noches de marcha con el uso de cocaíba, anfetaminas y drogas de diseño, los "niños bien" de los países del Golpo Pérsico convirtieron al captagon en su droga preferida.

Según reveló Wikileaks, un cable diplomático estadounidense del año 2009 ya apuntaba a que Siria ha sido en las últimas décadas el principal productor de esta droga. Una sustancia que saltó de los pijos a los yihadistas. ¿Cómo y cuando se produjo esa migración? No está claro pero, según publica el diario Arab news, incialmente la usaron para ganar dinero con su venta, con la que obtenían parte de los fondos que posteriormente destinaban a la compra de armas. Luego, los milicianos comenzaron a consumirla también debido a sus efectos, que anulaban la posible empatía con sus víctimas, y les hacían parcialmente inmunes al dolor.

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Ahora, el captagón lo toman ambos grupos en Oriente Medio, niños ricos y terroristas. De hecho, el pasado 28 de octubre, tal y como informó el diario The Independent, la policía del Líbano se incautó en el aeropuerto de Beirut de dos toneladas de esta droga. Su propietario era el príncipe Abdulmohsen Bin walid Bin Abdulaziz Al Saud, un miembro de la familia real de Arabia Saudí.

La noticia puso de manifiesto una realidad evidente. Que desde Siria a Turquía, pasando por el Líbano, han proliferado los laboratorios clandestinos para fabricar este tipo de anfetaminas. Muchos están controlados por yihadistas, que compran pastillas a China que luego adulteran para crear su propia versión, el captagón. Las píldoras resultantes se venden a un precio que oscila desde los tres a los veinte dólares.

¿Tomaron captagón los terroristas de París? De momento no puede darse una respuesta afirmativa, aunque no parece improbable. De hecho, a lo largo de la historia hay numerosos casos de guerreros y asesinos que se drogaban para ser más implacables y resultar (aparentmente) invencibles. Durante la guerra que las tropas americanas mantuvieron a finales del siglo XIX contra las tribus moras de Joló y Mindanao (en Filipinas), surgió la leyenda de los juramentados. Se trataba de unos guerreros filipinos que decidían inmolarse cometiendo un ataque suicida (generalmente con armas blancas) y que tomaban una pócima preparada con una mezcla de varias hierbas e insectos cuyos efectos les hacían parcialmente inmunes al dolor.

¿Son los yihadistas la versión moderna y aún más letal de quellos juramentados filipinos? Esperaremos a que los resultados de las autopsias confirmen si los terroristas de París realmente se habían drogado, antes de dar una respuesta definitiva.

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