Contra la leucemia, guardería

Quienes son escolarizados desde muy pequeños, tienen menos probabilidades de desarrollarla

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Un linfocito B antes (izqda) y después de haber sido infectado con leucemia. Crédito imagen: Markus Müschen/UCSF

Durante años, los científicos han observado un patrón en los niños que desarrollan cáncer. Aquellos que fueron a la guardería desde una edad temprana eran menos propensos a padecer el cáncer infantil más común: la leucemia linfoblástica aguda (ALL por su siglas en inglés). Ahora, un estudio de 7 años parece haber descifrado el mecanismo molecular que produce ALL. El trabajo explicaría porqué la exposición temprana a infecciones en lugares tales como jardines de infantes parecen proteger contra la enfermedad y por qué las vacunas no relacionadas ayudan también contra este tipo de cáncer.
Para Mel Greaves, biólogo celular del cáncer del Instituto de Investigación del Cáncer de la Universidad de Londres, el hallazgo ofrece una explicación para la hipótesis de que ha promovido durante mucho tiempo: cuando los bebés en las sociedades modernas están protegidas de las infecciones de rutina, sus sistemas inmunes son más propensos a reaccionar de forma exagerada durante las infecciones posteriores, allanando el camino para el ALL.
La mayor parte de este tipo de cáncer en los niños se debe a un mal funcionamiento de las células B o linfocitos B, los exploradores del sistema inmune que patrullan el torrente sanguíneo en busca de intrusos como virus y bacterias. Ellos “fabrican” anticuerpos que ayudan a combatir infecciones. Pero con la leucemia, el sistema inmune se vuelve loco, produciendo, linfocitos B inmaduros y defectuosos a una velocidad increíble mientras desplazan a las células sanguíneas sanas.
Los linfocitos B son una maravilla de la adaptación. A medida que maduran, son capaces de reprogramar su propio ADN, permitiendo que el sistema inmune produzca millones de linfocitos diferentes para combatir la amplia gama de infecciones. Para hacer esto se basa en el trabajo de los genes activadores de recombinación (RAG, por sus siglas en inglés) y de los inductores de activación de citidina deaminasa (AID). Los primeros cortan y pegan trozos de ADN, mientras que los AID hacen el trabajo fino y se responsabilizan de cada nucleótido.
El equipo de Greaves sospechaba que, cuando este proceso falla, se introducen mutaciones que son las responsables de la leucemia. Para confirmar esto realizaron una serie de experimentos en ratones con una anomalía genética vinculada a la ALL infantil.
Los científicos tomaron linfocitos B de ratón con este defecto genético. Algunos de ellos eran capaces de producir RAG yAID y otras que solo generaban una de las dos.
Cuando las células fueron inyectadas en ratones, los 14 ratones que recibieron los linfocitos B con ambas enzimas, murieron de leucemia. En cambio los otros estaban libres de la enfermedad hasta 5 meses después.
La teoría de los científicos es que las enfermedades de las cuales se contagian los más pequeños en las guarderías, en cierto sentido, entrenan al sistema inumonlógico para que este aprenda a no cometer errores desde edad temprana. El trabajo ha sido publicado en la revista Nature Inmunology.

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