Su reloj biológico va despacio

“Tiene que involucrarse en el trabajo más que nunca, lo que afecta a su vida privada” Cary Cooper, profesor de Psicología

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El hombre de la globalización se mima sin medida: es adicto a los juegos para niños y no tan niños.

una cosa está cla­ra: los hombres más jóvenes han lentificado sus relojes biológicos. Acceden al mercado laboral después de una dilatadísima etapa de estudios y preparación profesional. En países como Italia y España, se quedan en el hogar paterno has­ta bien cumplidos los treinta. “Así, pueden gastar lo que se han ahorrado de alquiler en comprarse un Golf, o un reloj Tag Heurer, aunque compartan habitación con sus hermanos”, dice en el informe de Discovery Mark Seymur, profesor de Historia Italiana. Y lo hacen dejándose mimar y sin ningún sonrojo, llenando su dormitorio de juguetes para niños grandes. Léase un iPhone o el último modelo de la Play. Eso no les impide, sin embargo, realizar jornadas de trabajo inacabables para capear con las duras condiciones que impone el mundo empresarial, competitivo e inestable como nunca lo había sido. Una vez que han conseguido afianzar su posición como trabajadores, entonces sí, asumen su deseo de paternidad y sus obligaciones como sostén familiar.

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