La casa de los horrrores

Los chicos del sótano necesitarán ocho años de terapia intensiva

Joseph Fritzl retuvo durante 24 años a su hija Elisabeth en un sótano de su casa en Amstetten (Austria). Tuvo siete hijos con ella. Aquí tienes las características de la casa.

ERA UNA CÁRCEL DISCRETA Y SILENCIOSA
Para evitar que la vida secreta del subsuelo fuera descubierta, Fritzl recubrió los pasillos con corcho y construyó sobre las habitaciones techos falsos que aumentaban el aislamiento acústico. El sótano se había construido como refugio nuclear.
La parte superior era una vivienda normal, que el matrimonio compartía con los tres hijos adoptivos.
El sótano de la casa fue ampliado por el padre a medida que nacían los niños. Estaba separado del resto de la casa por una puerta de seguridad de 300 kg de peso.
Los pasillos tenían una anchura de 60 cm.
La entrada estaba escondida detrás de las estanterías.
Las tuberías que alimentaban el baño y la cocina estaban recubiertas de espuma y plásticos para evitar que resonaran en el resto de la casa.

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LA HISTORIA DE LOS HIJOS
Elisabeth. 42 años. Su apariencia es la de una mujer sexagenaria, con el pelo muy blanco, el rostro inexpresivo y la piel casi transparente por falta de luz natural. Ha cooperado con la policía para relatar lo ocurrido y su presencia resulta vital para que sus hijos se recuperen.
Kerstin. 19 años. Su ingreso en el hospital fue el detonante de que se descubriera el caso. Ha superado un coma inducido y sueña con asistir a un concierto de Robbie Williams.
Stefan. 18 años. Muy delgado y pálido. Sufre problemas de equilibrio y coordinación y también trastornos de visión y auditivos. La interacción con sus hermanos ha sido favorable.
Monika. 14 años. Adoptada por el matrimonio cuando tenía un año.
Alexander. 13 años. Adoptado por el matrimonio cuando tenía un año.
Félix. 5 años. Al salir del encierro, se arrastraba casi siempre. Sus posibilidades de recuperarse son más altas debido a su edad. Se ilusionó al montar en un coche “de verdad”.
También hubo un muerto. En la primavera de 1996, Elisabeth dio a luz gemelos. Alexander sobrevivió y el otro murió en el parto. Su padre lo incineró presuntamente en un horno de calefacción.

Pero todo esto tiene una serie de consecuencias:

HERIDAS QUE CICATRIZAN
-Problemas de piel.
-No han desarrollado sentido de la comunidad.
-Aunque hablan, a menudo utilizan gruñidos y gorjeos.
-Les supone un esfuerzo excesivo hablar con el personal que les atiende.
-Sistema inmunitario muy débil, con anemia y déficit de vitaminas, sobre todo D.
-Trastornos posturales debido a los techos bajos.
-Pérdida de dientes.
-Atrofia de la visión lejana.
-Dificultades con la orientación espacial.
-Sentido de la realidad claramente distorsionado.

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HERIDAS INVISISBLES
-Secuelas psicológicas y psiquiátricas impredecibles (en el caso de la familia austríaca están sin desvelar).
-Estrés postraumático.
-Ausencia de confianza en uno mismo y en los demás.
-Sentimientos de pérdida de control, de terror y de humillación.
-Tendencia a revivir los episodios de forma aguda e involuntaria y ante cualquier estímulo.
-Irritabilidad, trastornos del sueño y falta de concentración.
-Bloqueo emocional como coraza contra el recuerdo.
-Cefaleas y pesadillas recurrentes.

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