Sí importa la edad

A los niños de Amstetten se les privó de estímulos desde el nacimiento y a Natascha de los 10 a los 18 años, una etapa crucial en el crecimiento y la construcción de la personalidad. ¿En qué medida entonces se ha puesto en riesgo la salud física y mental que tendrán en la vida adulta?

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Memoria infernal. En su libro El silencio de los otros, Lidya Gouardo relata sus 37 años de horror.

El neurólogo Antonio Barrio Nicolás señala que “si el aislamiento sucede cuando el cerebro ha tenido tiempo de formarse tanto a nivel intelectual como psicoafectivo y si la víctima ha podido forjar una personalidad segura, con capacidad de respuesta y sacrificio y con fortaleza ante la adversidad, superará el trauma en menos tiempo y se beneficiará mucho más de la terapia psicológica y psiquiátrica”. Sin embargo, cuando se inicia en el nacimiento, con un aprendizaje pobre y malas condiciones físicas e higiénicas durante la primera infancia, el cerebro habrá perdido un 20% de sus posibilidades de desarrollo y las neuronas que lo componen se habrán quedado sin las conexiones necesarias para el funcionamiento normal. ¿Irreversible? “Todo lo va a decidir el grado de sufrimiento físico y moral durante el aislamiento. Pero, sin duda el aprendizaje, el trabajo afectivo y emocional y la psicoestimulación ayudarán a que estas personas recobren en el futuro una vida normal”, responde Barrio. Es posible que los nuevos recuerdos hagan olvidar al hijo más pequeño de Elisabeth Fritzl sus primeros cinco años de terror. Teniendo en cuenta la plasticidad del cerebro y su capacidad para regenerarse, parece probable que Felix disfrute de una adolescencia y una vida adulta natural. Todo un hito para la medicina. n

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