Su nombre está detrás del segundo paciente del mundo en el que remite el VIH sin medicación gracias a un trasplante de células madre por un linfoma. Investigador del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) en Irsi Caixa, lidera un programa de investigación centrado en entender la progresión del VIH en personas recientemente infectadas y en explorar las mejores estrategias de tratamiento antirretroviral y las resistencias del virus a los fármacos.

Más allá de este logro, tiene mucho que contarnos de esta enfermedad cuyos primeros diagnósticos, en 1981, se enredaron con disparatadas teorías conspirativas que hablaban de accidente biológico o complot armamentístico a causa de la Guerra Fría. Desde entonces, el balance de muertes por sida supera los 30 millones de personas y, según la OMS, más de 37 millones viven hoy con VIH.

PREGUNTA: Después del Paciente de Berlín, la primera persona que superó la enfermedad hace 11 años, llega ahora el Paciente de Londres, sin rastro de VIH tras un trasplante de células madre. ¿Se puede considerar una opción terapéutica?

RESPUESTA: El trasplante de células madre es una intervención de alto riesgo y solo está aconsejado para pacientes con problemas hematológicos graves. El riesgo de muerte está entre un 40% y un 50%. Lo importante son las líneas de investigación que se abren. Llevábamos 11 años hemos intentado saber qué paso con el llamado Paciente de Berlín. Ahora, con este este segundo caso de remisión de VIH sin antirretrovirales después de que se sometiera, igual que el anterior, a un trasplante de células madre para tratar la leucemia que padecía, hemos comprobado que no fue fortuito. La remisión del VIH es posible.

En el 2016, esta persona, portadora de VIH desde 2003 y diagnosticada en 2012 de un linfoma de Hodgkin, se sometió a un trasplante de células madre de un donante con la mutación CCR5 Delta 32, que impide la entrada del virus en los linfocitos T-CD4, que son las células diana del VIH a través de las cuales se expande. A los 16 meses, los médicos interrumpieron el tratamiento y, un año y medio después, el virus es indetectable en sangre. Habitualmente, el virus rebrota en las primeras cuatro semanas después de retirar el tratamiento. La mutación CCR5d32 solo está en un 1% en la población europea, pero logramos un donante compatible con la mutación en este gen. Son detalles y aprendizajes que nos están permitiendo avanzar hacia terapias menos invasivas que un trasplante de un donante cuando los pacientes de VIH no sufren una enfermedad hematológica.

P. El Programa de las Naciones Unidas ONUSIDA ha anunciado que este segundo caso mundial de remisión del VIH aporta una gran esperanza contra la enfermedad. ¿Estamos más cerca de una cura?

R. Estamos diseñando estrategias, como la terapia genética, que consiste en extraer células, tratarlas en el laboratorio y reimplantarlas en el paciente, aún en fase preclínica. Mientras, tenemos una terapia antirretroviral sencilla, eficaz y con pocos efectos secundarios.

Es un virus muy esquivo y cambiante, por eso es difícil de erradicar


P. ¿Qué impide la curación?

R. Hablamos de un virus muy esquivo, que cambia rápidamente y se integra en el ADN. Ataca a nuestro sistema inmunitario con tal agresividad que lo vuelve incapaz de defenderse contra los diversos agentes patógenos, exponiéndolo a otras infecciones, las llamadas oportunistas. La clave para curarlo está en eliminar ese reservorio viral de células inmunitarias infectadas que no producen más virus, pero permanecen escondidas en el organismo. Son la razón principal por la que el VIH no se pueda erradicar. Por eso, demostrar que se reducen progresivamente confirma que estamos aplicando las estrategias correctas. La gran esperanza está en la terapia genética que permita generar un sistema inmunitario reconstruido.

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P. Colaboras activamente en proyectos internacionales de desarrollo de vacunas contra el VIH/sida. ¿Para cuándo podría estar lista?

Estamos avanzando en la combinación de una vacuna terapéutica con reactivadores de la latencia viral y con anticuerpos neutralizantes de los diferentes tipos de virus. Permitiría reforzar la respuesta del sistema inmune y, en el modelo animal, todo indica que vamos por buen camino. Por otra parte, estaría la vacuna preventiva contra el VIH para personas que no están infectadas que se aplicaría en poblaciones con una incidencia elevada. Por ejemplo, en el Sureste Asiático (especialmente Tailandia) y África Subsahariana.

Lo más parecido a la vacuna es una inyección terapéutica que, en poco más de un año, los enfermos podrían sustituir a la pastilla antirretroviral diaria. Se administraría cada cuatro semanas en pacientes sin tratamiento antirretroviral y cada dos meses como mantenimiento. Se trata de la primera generación de fármacos de liberación retardada. Los resultados de dos ensayos en fase III se presentaron recientemente en Seatle (EEUU) y se trasladarán a la agencia de medicamentos americana (FDA) y a la europea (EMA) para que se apruebe su comercialización.

Cada 15 segundos hay una nueva infección

P. Sin duda, es una de las enfermedades más devastadoras de la historia de la humanidad.

R. Cada año mueren un millón de personas y se infectan dos millones. Una infección cada 15 segundos. Hay muchas líneas de investigación con resultados extraordinarios, pero no conseguimos bajar el número de infecciones, a pesar de todos los planes. Incluso en poblaciones de Europa del Este o África Subsahariana, en lugar de remitir, va en aumento. Desde los 80, el avance en el tratamiento antirretroviral ha transformado completamente el panorama y las expectativas de vida de los pacientes. Pero seguimos sin cura y, por cada persona que empieza un tratamiento antirretroviral en el mundo, hay otras dos infecciones. Es importante aprender del pasado y poner todos los medios para que ninguna otra enfermedad emergente tan letal nos pille desprevenidos. Ademá, la investigación del sida nos está sirviendo de aprendizaje para estudiar otras infecciones y otras vacunas. Una razón más por la que habría que mejorar la inversión.

Al sida le hemos perdido respeto, pero una de cada cuatro personas con VIH no sabe que lo tiene

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P. Hace 30 años, la palabra sida era diagnóstico de muerte, con ejemplos como el de Freddie Mercury o la película Philadelphia. Hoy casi la mitad de los jóvenes europeos mantienen relaciones sexuales sin protección. ¿Hemos perdido el miedo al sida?

R. Sobre todo, el respeto. A esos jóvenes les diría que una de cada cinco personas con VIH en países como España no sabe que está infectada. En otras partes del mundo, los números son aún más demoledores. La mayor parte de las infecciones cursan de forma asintomática y esos individuos sin diagnosticar pueden transmitir el VIH de manera no intencionada. Ahora la gente sabe que está ahí, pero es tratable. Es cierto que, si te infectas y tomas antirretrovirales, la esperanza de vida es similar a la de una persona sin infección, pero la calidad de vida no va a ser igual. ¿Por qué exponerse?

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P. A pesar de los avances, contraer el VIH en Occidente no es lo mismo que infectarte en África, por ejemplo.

R. Tampoco lo es enfermar de cualquier otra cosa. En el caso del sida, si una persona se infecta por VIH y no recibe tratamiento antirretroviral tiene un periodo de evolución de entre 7 y 12 años. Hay pacientes que progresan mucho más rápido hacia el sida y en dos o tres años desarrollan la enfermedad. Casi un 40% sufren una gran caída de sus defensas a los tres años de haberse infectado. Es importante acelerar el diagnóstico, aunque sigue siendo complejo en muchos lugares del mundo. Hemos conseguido reducir de una forma extraordinaria la transmisión materno infantil. Otro gran paso ha sido la circuncisión masculina, que protege casi a niveles de vacuna, o los microbicidas, que según algunos estudios sudafricanos muestran hasta un 30% de prevención. El reto es reducir esa desigualdad de oportunidades en el acceso al diagnóstico y al tratamiento.