“La religión es fruto de la creatividad humana”

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Ganesha, dios con cabeza de elefante, es una de las deidades más conocidas del panteón hindú

Frases como esta se escuchan pocas veces en boca de científicos españoles. Quien la pronunció fue Manuel Martín-Loeches, neurocientífico y coordinador del área de Neurociencia Cognitiva del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, en Madrid: “La Religión es un producto de la creatividad propia de nuestra especie, un fruto de nuestro cerebro, como lo es la ciencia o el arte”.

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Su comentario fue parte de un debate que animó la clausura del curso sobre Neurociencias y Creatividad organizado por el Instituto Tomás Pascual para la Nutrición y la Salud.

La frase de Martín-Loeches respondía a la pregunta de uno de los asistentes al curso: “¿religión y espiritualidad son fenómenos diferentes? ¿es la espiritualidad algo intrínseco al ser humano?
Martín-Loeches ofreció otro interesante comentario. “El ser humano goza de una extraordinaria capacidad, la de tener sueños, la de soñar por las noches. Estos sueños, gracias a nuestra capacidad creativa, se vieron, en los albores de nuestra especie, como algo ajeno a nosotros mismos, algo diferente a la materia que nos da forma. Los sueños que construye nuestra mente mientras dormimos fueron interpretados como nuestro “espíritu”, “el alma”, algo que existe al margen de nuestro cuerpo y que por tanto puede trascendernos, quedar ahí cuando nosotros ya no estemos”.
Durante los cuatro días que duró el curso, los expertos abordaron la creatividad desde su definición: ¿Qué es la creatividad?
¿Por qué los humanos somos tan creativos?
¿Cómo el cerebro genera ideas novedosas y soluciones creativas?
¿Es posible desarrollar y/o potenciar la creatividad?
¿Se puede mirar dentro del cerebro y estudiar cómo es el pensamiento creativo?
Y se aportaron como muestra de esta capacidad, entre otras, las primeras herramientas talladas por nuestros ancestros, como los bifaces encontrados en la Sierra de Atapuerca. “Algunos de estos bifaces están tallados en piedras que tenían alguna incrustación natural, un fósil, por ejemplo, o una beta de algún material que le daba un colorido excepcional. Cuando fue tallado, aquel humano tuvo presente el “adorno” y lo mantuvo intacto en su herramienta” explicó en su ponencia Marina Mosquera, Profesora de Prehistoria de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona.
Si te interesa todo lo que se contó en el curso, podrás ver todas las ponencias online en la página web del Instituto Tomás Pascual para la Nutrición y la Salud.

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