¿Estarías dispuesto a beber tu propia sangre por un estudio científico?

Un grupo de voluntarios lo ha hecho para dar respuesta a un dilema médico relacionado con la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII)

Beber tu propia sangre - Ingerir tu propia sangre
Getty ImagesChristopher Robbins

El Centro de Gastroenterología y Hepatología de Zurich ha llevado a cabo un estudio al cual más de un vampiro se hubiera apuntado. Pero a falta de ellos, un grupo de investigadores pidió la ayuda de 16 voluntarios (12 mujeres y 4 hombres) que estuvieron dispuestos a beberse su propia sangre con tal de dar respuesta a una duda que llevaba tiempo rondando a muchos doctores de este centro especializado en enfermedades del aparato digestivo.

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Cuando un paciente sufre la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), una forma de identificarlo es buscando en sus heces una proteína llamada calprotectina. Pero, el problema es que, cuando hay un sangrado intestinal, este tipo de proteína también está presente en abundancia en ellas, lo que hace que a los doctores les resulte difícil hacer una distinción y se vean obligados a realizar más pruebas (como una endoscopia).

El líder del estudio, el doctor Stephan Vavricka, asegura que la búsqueda de la calprotectina sigue siendo un buen indicador para diagnosticar la enfermedad, pero de cara a futuros casos se ve necesario acotar los porcentajes que hay de esta proteína en diferentes situaciones para decantarse por una u otra dolencia. ¿Cuánta sangre debe llegar al intestino para conseguir diferenciarlo?

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El club de los vampiros

Los jóvenes, todos ellos sanos, fueron separados en dos grupos. Mientras el primero de ellos bebieron dosis de 100 mililitros, el otro lo hacía de 300 mililitros (una lata de refresco). Al cabo de un mes, intercambiaron las dosis.

No fue una prueba divertida ni cómoda: a pesar de que la mayoría lograban beberse la sangre directamente, unos pocos decidieron hacerlo a través de una sonda nasográstica, que la enchufaba directamente al estómago. Entre los síntomas más comunes estaban las náuseas, la diarrea, o todo lo contrario, un fuerte estreñimiento.

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Los participantes tuvieron que tomar muestras de sus heces para ver qué cambios sufrían. Una primera de dos días antes de comenzar la prueba, luego todos los días durante 7 días después de haber ingerido la sangre y una última a los 14 días de haber bebido la dosis. Los investigadores descubrieron que los niveles de calprotectina aumentaron considerablemente tras las pruebas: un 46% de las muestras fecales de quienes habían ingerido 100 ml. tenían presencia de la proteína en una concentración de 50 microgramos por gramo, mientras que el porcentaje se elevaba al 63% en quienes bebían 300 ml. Esta cifra se quedaba muy lejos de los 200 microgramos por gramo que puede presentar un paciente con un brote de Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

Con estos resultados en mano, el líder del estudio recomienda a los doctores que ante un dilema de estas características consideren los niveles de calprotectina dentro del contexto. Si son extremadamente altos, entonces podrían indicar un diagnóstico de EII. Si son más bien bajos, podrían tener en cuenta que se trata de un sangrado intestinal, el cual puede tener su origen en otras dolencias o problemas de salud.

Fuente: Live Science

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