Estapas de dos hermanos

Cómo evoluciona su relación durante la vida

Antes de nacer

imeros arrumacos. Entre las semanas catorce y dieciocho de gestación, los gemelos se buscan el uno al otro con sus cabezas y brazos. Luego, se tocan, compiten por el espacio y establecen las bases de una relación de cariño, según comprobaron científicos de la Universidad de Padua, en Italia, gracias a las ecografías en 3D.

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Infancia

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Destronamiento. La llegada de un hermano despierta un sentimiento de competencia que permanecerá casi el resto de su vida. De buena gana, el primogénito le arrebataría al segundón sus derechos, pero la presencia del amor de los padres y su trato justo para todos apacigua su actitud hostil.

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Imitación. En la adquisición de habilidades sociales, los hermanos tienen un peso mayor que los padres. Los mayores sirven de modelos en las conductas erráticas y en las positivas. Por ejemplo, un embarazo precoz en el seno del hogar aumenta el riesgo de que se repita en las hermanas menores.

Apoyo. Con sus juegos desarrollan sentimientos de empatía, apego y entendimiento mutuo.

Guerra caliente. Los padres deben generar relaciones de respeto entre sus hijos, para que sus protestas y rivalidades no se conviertan en una batalla campal.

Adolescencia

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Alianzas y estrategias. En su confrontación con los padres para reordenar su identidad y estructurar su personalidad, el adolescente aúna sus fuerzas con su hermano, quien actúa como aliado y modelo. Si, por el contrario, se convierte en rival, esa actitud genera un efecto muy pernicioso para el adolescente.

Obstáculos: Las rencillas de los padres erosionan el vínculo fraterno e impiden que los hermanos se reconozcan como tales.

Edad adulta

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Prueba de fuego. La necesidad de cuidar a los padres, las herencias u otras cuestiones económicas amenazan con romper el pacto de no agresión, pero la fuerza del vínculo de sangre y un pasado común suele ser mayor.

Guerra fría. A pesar de las incompatibilidades y diferentes modos de ver la vida, persiste una tendencia natural a reencontrarse para evitar la frustración de haber traicionado un sistema de valores. Esta actitud permite una convivencia pacífica e incluye momentos de amor y fraternidad.

Calma y reconciliación. En la vejez mejora cualquier relación personal (y mucho más la fraternal), debido a una mejor regulación emocional y el tiempo limitado de vida. La sensación de bienestar es mayor en los ancianos que conservan algún hermano vivo, sobre todo si se trata de hermanas.

Ránking de combates

De 3 a 7 años: los hermanos participan en algún tipo de pelea unas 3,5 veces por hora.

7 años: es la edad en la que comienzan a rivalizar. Cada 10 minutos hay al menos un choque.

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35% de los hermanos ha pegado o agredido a un hermano.

13% de los hermanos ha pegado o agredido a un hermano.

6% fue agredido con un arma.

40% sufre estas agresiones repetidamente.

Estudios preliminares de esta investigación descubrieron que el 14% de los niños sufre agresiones repetidamente por parte de un hermano, y entre los dos y los nueve años, estos niños muestran síntomas de ansiedad y depresión.

Niveles de hermandad

Íntimos: Con relaciones fraternales sólidas, de apoyo y confidencias.

Afables: Cordialidad, sin ningún derroche sentimental.

Leales: Encuentros rutinarios y cordiales, con cierta distancia emocional.

Apáticos: Indiferencia hacia los vínculos familiares.

Hostiles: Los viejos resentimientos siguen a flor de piel.

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