Las humanas formamos parte de una familia singular, las homínidas (Hominidai) que incluye a las orangutanas, bonobas, gorilas y chimpancés. ¿Cómo de divertida o aburrida es la vida sexual en nuestra familia?

La aburrida vida sexual de la orangutana

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Orangutana con su familia en Sumatra. Fuente: Wikimedia Commons

La más aburrida de las vidas sexuales, por esporádica, es la de la orangutana. Cinco años después de su último periodo de celo, la orangutana vuelve a ser sexualmente activa. Esto significa que durante todo ese tiempo ha gestado, parido y amamantado a su último descendiente. Después llega el asunto del destete y de iniciar un nuevo ciclo y una nueva gestación.

Después de cinco años, un óvulo espera ser fecundado y lo será muy probablemente por el mismo macho. Durante esos cinco años, no hay nada que tenga que ver con el sexo en la vida de una orangutana.

Todos los simios, es decir, monos del Viejo y Nuevo Mundo, (antropomorfos y humanos) son sociables a excepción de las orangutanas, animales solitarios que solo establecen vínculos estables entre las madres y sus descendientes no adultos.

Las hembras solo se relacionan con los machos durante los periodos de celo o estros, que son muy breves y muy separados entre sí.

Cada hembra vive en su pequeño territorio con su cría. Los machos tienen territorios más amplios, en los que viven varias hembras que forman parte de su harén, y por el que pelean si es necesario, de ahí que los machos sean mucho más corpulentos y fuertes que las hembras.

No son las únicas. Las chimpancés y las gorilas tienen periodos de celo distanciados por varios años, por regla general más de tres años y menos de seis.

Las gorilas eligen a su macho alfa

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Gorila hembra en Ruanda. Fuente: Wikimedia Commons

Para las gorilas no existe una época de apareamiento determinada, así que pueden copular durante cualquier época del año. Eso sí, las hembras permanecen en celo durante uno o dos días al mes.

Son ellas las que salen de su grupo familiar en busca de un macho de espalda plateada. Les cortejan para atraerlos, con movimientos sexis (al menos si eres un gorila), e incluso fruncen los labios. Para las gorilas no hay signos externos evidentes  de que están en celo, al contrario que en las hembras de chimpancé, que muestran una hinchazón en la región anogenital muy fácil de notar.

Después del cortejo llega la cópula sobre el suelo, que dura uno o dos minutos como máximo. Hasta hace unos años se creía que solo los seres humanos y los bonobos se apareaban frente a frente, pero ahora se sabe que los gorilas también son capaces de hacerlo.

Las bonobas disfrutan con bonobas

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Hembras de bonobo en el Zoo de San Diego.

Las bonobas mantienen relaciones sexuales permanentemente, en todas las variantes y posiciones, con todo tipo de compañeros, y con prácticas que ingenuamente atribuimos solo a los humanos, como el beso con lengua, la cópula cara a cara, la masturbación propia y del compañero, contactos homosexuales, bisexuales, tríos, sexo en grupo, y además, todo de una manera sencilla y despreocupada.

El 75% de su actividad sexual es no reproductiva y tiene un efecto de cohesión social medible y demostrable. Una investigación publicada en la revista Science Direct mostraba que las bonobas tienen relaciones sexuales con otras hembras con mucha frecuencia, y estas relaciones refuerzan sus vínculos sociales.

Además, curiosamente, las hembras experimentaron aumentos significativos en sus niveles de oxitocina (la hormona que relacionamos con el amor) después de tener relaciones sexuales con otras hembras, pero no después de tenerlas con machos.

Los bonobos tuvieron sexo con una especie fantasma

Las humanas disfrutan del sexo toda la vida

mujer

En la especie humana no existe el periodo de celo, es decir, la expresión de la sexualidad femenina no depende del estado hormonal. La mujer puede mantener relaciones sexuales en cualquier momento del ciclo y, además, elige pareja, puede mantener relaciones sexuales con cuantos individuos quiera, a solas, en pareja, en grupo, e incluso con tecnología (o sin ella).

La sexualidad de la mujer está muy por encima del vínculo con la procreación. Tanto es así que incluso cuando la mujer ha terminado su edad reproductiva,  la calidad de su vida sexual puede ser satisfactoria e incluso mejorar.

Las humanas son las únicas en la familia de las homínidas con menopausia (aunque otros animales como las belugas también tienen menopausia, como mostraban en un artículo publicado en Scientific Reports) En estos casos no hay datos sobre si continúan sus relaciones sexuales cuando dejan de ser fértiles.

Así, en este ranking de homínidas, podríamos decir que la sexualidad de la hembra de nuestra especie gana por goleada.