Lyme: cuando la picadura de una garrapata se convierte en un problema

Cada vez están más cerca de nuestros hogares. Acechan a las mascotas y nos contagian enfermedades. ¿Cómo reaccionar correctamente si te pican?

Garrapatas
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La vida de Vicenta era como la de cualquier persona corriente: colaboraba en una empresa familiar, hacía ejercicio a diario y dedicaba su tiempo libre a disfrutar de la naturaleza. También trabajaba en un jardín botánico. Acostumbraba a estar en contacto con plantas y animales, por lo que a veces se encontraba con garrapatas pegadas a su piel. Al principio no le dio importancia: la falta de información sobre las posibles enfermedades transmisibles por estos arácnidos soterró la alarma. Pero, poco a poco, comenzó a notar los primeros síntomas de algo mayor: mareos, vértigos y trastornos digestivos. Hoy solo puede salir de casa en silla de ruedas y recorrer distancias cortas apoyada en un bastón. “Me canso con facilidad. Al terminar esta conversación acabaré KO”, confiesa.

Lyme: una enfermedad desconocida

La picadura de garrapata transmitió a Vicenta la enfermedad de Lyme, una extraña patología infecciosa causada por la bacteria Borrelia burgdorferi, que afecta al sistema nervioso, cardiovascular e incluso puede provocar fallos orgánicos. Ahora, como vicepresidenta de la Asociación de Lyme Crónico de España (ALCE), encabeza una cruzada mediática para visibilizar la situación que padecen miles de personas en nuestro país. El próximo 6 de octubre formará parte de la primera conferencia internacional sobre la enfermedad de Lyme, celebrada en Madrid en un espacio cedido por CaixaForum y a la que acudirán autoridades sanitarias de todo el mundo. ¿Su objetivo? Promover la prevención, diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad infecciosa, que habitualmente pasa desapercibida en los análisis clínicos. Invasión en la ciudad

Que una garrapata provoque una enfermedad de estas características no es la norma habitual. Es más, según Milagros Fernández de Lezeta, directora general de la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental, los patógenos de las garrapatas generalmente no transmiten enfermedades. Y, si lo hacen, no son serias. “Hay excepciones, como el caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo de 2016”, recuerda, que tiene un cuadro sintomatológico parecido al ébola y que se cobró la vida de un hombre de 62 años en Madrid, o la epidemia de fiebre severa por síndrome trombocitopénico que acabó con medio centenar de personas en Asia. Por si acaso, recomienda “extremar las precauciones” y, si nos pican, acudir a un centro médico con una muestra de la garrapata para analizar su sangre.

ANECPLA también ha advertido que un invierno demasiado cálido y la abundancia de lluvias primaverales han fomentado la diseminación de las garrapatas por todo el territorio español. A mayor vegetación, más garrapatas. La diferencia con otros años reside en que este son tan abundantes que los focos de infección no son solo parques, jardines y bosques, sino que las grandes ciudades se han convertido en objetivos para estos arácnidos. Fenández de Lezeta sugiere que una de las razones de su cambio de comportamiento tiene que ver con el calor. “Nos preocupa que cada vez estén más cerca de las zonas urbanas”, añade.

En España, dos colegios de Salamanca cerraron sus patios por plagas de garrapatas durante el verano. Los hogares tampoco están a salvo: “Si hay vegetación cerca de las ventanas, se cuelan buscando lugares frescos o entran en las casas pegadas en las mascotas y se sueltan en cualquier lado”, señala la directora general de ANECPLA.

Para evitar el contagio durante las escapadas rurales, recomienda ir por los caminos a la hora de transitar por zonas verdes, evitando tocar la vegetación, y revisar tanto nuestro cuerpo como el de las mascotas al llegar a casa, así como llevar ropa clara para localizarlas con más facilidad y cortar las plantas que puedan asomar por las ventanas o accesos de nuestro domicilio.

A pesar de todo, fascinan

Las plagas están afectando también a otros países. Hunterdon, un pequeño condado de Nueva Jersey, amaneció aterrorizado por una invasión de garrapatas que se clonaban a sí mismas. Una mujer irrumpió en el centro médico de la localidad llena de estos diminutos seres. Tras analizar a las invasoras, las autoridades no dieron crédito: pertenecían a la familia H. Longicornis, una especie típica de Asia que nunca había sido localizada en EEUU.

El asombro viene porque este tipo de garrapatas son capaces de poner huevos sin necesidad de reproducirse con un macho. Por cada adulta hembra pueden nacer más de dos mil réplicas que, a su vez, pueden replicarse al llegar a la madurez. Los científicos, que encontraron un millar de ejemplares en una oveja enferma, están analizando el ADN de estos arácnidos para encontrar qué patógenos portan. Es la única manera de neutralizar una invasión que ya se ha extendido por varios estados y que puede llegar a otros países.

Cómo actuar si te pican

Se dice que untar en aceite o mantequilla o rociar con alcohol (¡y hasta con sopa!) a la garrapata ayuda a la extracción, pero esto es falso. Si se vierten estas sustancias, la garrapata sentirá que se ahoga. En su desesperación, regurgitará la sangre que tiene en el cuerpo y escupirá bacterias en el torrente sanguíneo, lo que incrementa el riesgo de contraer alguna enfermedad. Es precisamente el mensaje que lanzan desde ALCE: ni apretarlas, ni retorcerlas, ni embadurnarlas en líquidos. Si hay algún patógeno en su cuerpo y aún no lo ha transmitido, estas acciones pueden multiplicar las posibilidades de contagio.

El protocolo recomendado es extraerlas con unas pinzas sin dientes, de punta fina, que permiten agarrarlas desde la superficie de la piel. Hay que “realizar una presión suave, constante y uniforme, en sentido ascendente”. El arácnido luchará por no partirse y soltará los quelíceros de la piel. Luego, si no se guardan para analizarlas en un laboratorio, deben quemarse y lanzarse por el retrete.

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¿Cómo se enganchan?
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Cuando saltan sobre la víctima utilizan los quelíceros, dos pequeñas púas situadas en la boca, para agarrarse a la piel. Luego insertan el hipostoma para succionar sangre.

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Clonación
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Especies como la Haemaphysalis longicornis se reproducen a sí mismas a través de huevos. Pueden poner más de dos mil.

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Vulnerables
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Las zonas sensibles de las mascotas son aquellas con mayor riego sanguíneo, como el entorno de los ojos, entre los dedos de las patas o en el cuello, orejas y nuca.

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Bebedoras compulsivas
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Pueden succionar entre 0,5 y 2 mililitros de sangre, aumentar 4 veces su tamaño y 100 veces su peso. Infestaciones severas pueden producir anemias.

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¿Cómo succionan?
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Imagen microscópica del hipostoma, la parte bucal que se inserta en la piel de los huéspedes durante la alimentación.

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