Frutas y semillas

Para sobrevivir a los incendios, algunas especies solo liberan sus semillas cuando sienten el calor del fuego. Las fresas y los higos son en realidad flores. Los verdaderos frutos son las pepitas que hay en su superficie o en su interior. Aceites aromáticos, azúcares... Todo les vale a las plantas para atraer insectos y otros animales que puedan esparcir sus genes

 

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Manjar para aves

La pitahaya, fruta de la Hylocereus undatus, alberga en su interior decenas de semillas. Gracias a esta estrategia se garantiza que el ave que devore la pulpa se lleve siempre algunas para dispersarlas.

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¡No es un paraguas!

Los pétalos de la flor de albahaca (Ocimum basilicum) forman una corola tipo champiñón. Tras la polinización, esa corola se desprende y cuatro frutos secos se desarrollan en el interior de cada flor.

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Estoy que ardo

Los frutos de la Banksia menziesii, de Australia, son folículos leñosos que solo liberan sus semillas al sentir el calor del fuego. Esta estrategia garantiza la regeneración de la especie en una tierra de frecuentes incendios.

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Deja que te atrape

Algunas plantas actúan como parásitas para diseminar su simiente. Como la Agrimonia eupatoria, cuya semilla se traslada oculta en una cápsula con espinas que se engancha a la piel de los animales.

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¡Impostora!

La fresa no es una fruta de verdad. La parte carnosa es en realidad una prolongación del brote floral. Los frutos reales son los equenios, las pepitas secas que se ven en esta foto microscópica.

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¿Me miras a mí?

Los botánicos bautizaron a esta planta Acacia cyclops, ya que el arilo naranja que rodea su semilla les recordaba el ojo de un cíclope. Ese aro es un reclamo para las aves, que contribuyen a su dispersión.

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Una flor

Igual que las fresas, los higos son una infrutescencia. Las flores germinan dentro de un capullo que, al polinizarse, se vuelve carnoso. Y los auténticos frutos de la planta son lo que solemos llamar pepitas.

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Soy un clon.

Con sus 0,8 mm, la Wolffia columbiana es la planta más pequeña existente que produce flores. Este microorganismo (que aquí muestra su poro de respiración) se reproduce asexualmente.

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Mr. Octopus

Muchos animales ayudan a esparcir la vida vegetal gracias a las estrategias de plantas como la Fuirena mutali, cuyo fruto está envuelto por cerdas con forma de gancho, que se adhieren a los organismos vivos.

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Igual que un ovni

Como si fuera un platillo volante, la semilla de la Medicago orbicularis se encuentra dentro de una legumbre cuya forma aerodinámica en espiral permite que el viento la traslade fácilmente.

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Peinado ‘cool’.

Las semillas con pelo no son frecuentes. Una de ellas es la de la planta australiana Alyogyne huegelii, que con esta estrategia adaptativa facilita su dispersión por el aire.

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Parapente verde

La vida se esparce por el aire. Los frutos de laValerianella coronata (que contienen la semilla) han desarrollado un cáliz con forma de paracaídas que permite que las corrientes de aire los diseminen para facilitar su reproducción.

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La unión hace la fuerza.

La Cornus kousa de Japón es un ejemplo de infrutescencia, un fenómeno en el que los frutos de varias flores (como el que vemos germinar en esta foto microscópica) se unen y forman otro mayor (igual que ocurre con las piñas).

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Trampa pringosa

Como si fueran serpentinas, estas vainas son el fruto de la Acacia vittata. Las semillas de su interior se disponen en lo que los botánicos llaman elaiosoma: una estructura aceitosa que atrae a las hormigas.

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Vegetales a reacción.

Las semillas de la Cimicifuga americana se esparcen gracias a la lluvia, ya que las gotas golpean el fruto y provocan que salgan catapultadas.

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