El extraño caso de las estrellas muertas

Miles de equinodermos están muriendo en las costas de EEUU. Los científicos lo achacan al aumento de la temperatura del agua y a un virus aún desconocido que podría extenderse por otras partes del planeta

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Se trata de un caso al más puro estilo CSI. Cientos de ejemplares de estrellas han sido hallados muertos en la costa estadounidense, desde California hasta Alaska. ¿La causa? Un asesino en serie al que ya se ha bautizado como “síndrome debilitante de las estrellas de mar”. Una pequeña herida aparece en la superficie de este animal, se infecta y, en menos de una semana, pierde sus extremidades, muere y queda reducido a limo. De hecho, este asesino ha acabado ya con al menos dos especies de las diez que se solían ver de forma abundante en aguas estadounidenses. El 95% de las de la costa de Santa Cruz en California, por ejemplo.

No es la primera vez

Las estrellas de mar han sido víctimas de episodios parecidos en otras ocasiones, pero han sido pequeños, aislados y se han resuelto con muchas menos víctimas.
“Sucedió un fenómeno similar en el sur de California a finales de los años 80 y otro algo más leve en 1997. Lo raro es que en esas dos ocasiones estaba activo el fenómeno de El Niño, principal multiplicador del síndrome, y ahora no”, asegura el Grissom de este caso, el responsable del departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de California en Santa Cruz, Pete Raimondi, quien está intentando resolver el misterio configurando, primero, un mapa de alcance de este desastre. Pero ¿qué está matando a las estrellas de mar?

Agua caliente y sangre fría

Los expertos no descartan que un importante calentamiento del agua, que ya se registró unos meses antes de aparecer las primeras víctimas, esté en el origen del problema.
Y es que las estrellas de mar son muy sensibles a los cambios de temperatura, pues son animales ectotermos, o de sangre fría; es decir, cuya fisiología depende de la temperatura ambiente. “Nosotros tenemos una temperatura constante en unos 36ºC, y solo cuando algo no va bien nos sube o nos baja en exceso. Y sobre todo, no varía sustancialmente por la temperatura que haga a nuestro alrededor, como les sucede a las estrellas de mar”, explica Alfonso A. Ramos, profesor de Biología Aplicada de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Alicante.

En las costas de California ha desaparecido el 95 por 100 de la población de estos animales

Y es que tanta es la importancia de la temperatura en las estrellas de mar que, según una investigación reciente, a menudo pierden sus brazos como estrategia de defensa ante cambios bruscos en su entorno.

Para estudiar este comportamiento, investigadores de la Universidad de California metieron a 70 estrellas de mar (Pisaster ochraceus) en diez tanques diferentes con temperaturas que iban desde los 26 hasta los 42ºC, y controlaron su calor corporal con cámaras de infrarrojos. Así comprobaron que todas las estrellas desviaban el calor entre sus cinco brazos, que a su vez lo liberaban en el agua gracias a su gran superficie y reducido volumen interno. De manera que así conseguían mantener siempre a salvo su disco central, más frío; pues en esta zona, donde están sus órganos vitales, temperaturas por encima de 35ºC supondrían la muerte de la estrella. También comprobaron que a temperaturas muy altas mantenidas durante mucho tiempo, estos equinodermos sacrifican sus brazos para después regenerarlos. Sin embargo, en este caso algo ha fallado en el mecanismo de defensa. ¿Qué ha sido?

El virus misterioso

“El esfuerzo que lleva a cabo el metabolismo de las estrellas para hacer frente al cambio de temperatura también les produce un estrés que las hace más vulnerables a los patógenos que las rodean. Es como nosotros, que cuando tenemos fiebre estamos más expuestos a sufrir otras enfermedades, ya que las energías que habitualmente estarían concentradas en defendernos de los ataques externos ahora lo están en combatir nuestro aumento de temperatura interna”, apunta el profesor Ramos.

Además, se han hallado otros indicios que agravan la situación, como bajos niveles de oxígeno y mayor acidificación en el agua. “Y los equinodermos tienen un esqueleto calcáreo, por lo que es posible que la acidificación esté desintegrando también el esqueleto de las estrellas”, apunta Ramos.

La línea de investigación que cobra cada vez más fuerza es la de que el calentamiento del agua es un detonante y un agravante, pero el verdadero autor material de este desastre ecológico es un patógeno, desconocido hasta el momento, que es quien asesina a las estrellas.

“La temperatura crea una necrosis, una herida, que las hace susceptibles de padecer la infección que las mata. Esa enfermedad, que creemos que quizá sea contagiosa, podría tener múltiples orígenes, como una bacteria, un virus o un hongo”, señala Raimondi.

“Aquí, en el Mediterráneo, también tenemos un coral que en verano, con el aumento de las temperaturas, se blanquea y activa bacterias que están dentro de su propio organismo y las convierte en patógenas”, argumenta Ramos.

Según Raimondi, si la muerte de las estrellas de mar se debiera solo al aumento de la temperatura del agua, el problema debería resolverse con la llegada del invierno, la bajada de temperaturas y su consiguiente enfriamiento.

Pero si el origen es una enfermedad contagiosa, como parece: “El problema podría prolongarse y traería consecuencias muy graves e insospechadas para las poblaciones de estos animales y, en consecuencia, para sus hábitats”. Si esto sigue así y no se controla la epidemia, dentro de poco podríamos estar hablando de miles de millones de vidas de estrellas perdidas. Y mucho más.

Graves consecuencias

Las estrellas de mar son animales que forman lo que se conoce como depredadores clave, es decir, aquellas especies cuya pérdida produce un desequilibrio biológico muy importante. “Se alimentan de mejillones, almejas, percebes…, que, si ellas faltan, se extienden por el sustrato y no permiten que haya espacios para que se puedan establecer otras especies importantes para la biodiversidad. Es algo parecido a lo que sucede con los herbívoros en los bosques, que, si desaparecieran, no dejarían claros y las especies que viven en ellos también dejarían de existir”, termina Ramos.

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Anatomía de una estrella

No son peces, sino equinodermos, y tienen un estómago reversible, lo que les permite atrapar a sus presas contra su cuerpo y realizar la digestión externa

Ojos en los brazos

Según un estudio de la Universidad de Copenhague, estos equinodermos están dotados de ojos muy parecidos a los compuestos de los artrópodos en la punta de cada brazo, y su sistema nervioso, aunque muy básico, es capaz de procesar la información visual.

Poder regenerador

Son capaces de regenerar no solo un brazo por un ataque de un depredador, sino todo el cuerpo entero a partir de un único brazo y una quinta parte de su disco central. Además, se reproducen asexualmente por la escisión del disco central.

Seres sin sangre

Aunque parezca algo raro, las estrellas de mar no tienen sangre; en su lugar tienen un sistema hidrovascular que bombea agua a través de unas placas porosas, denominadas madreporitas, que llegan hasta sus pies tubulares para garantizar que esté bien nutrida.

Heridas sin remedio

Las estrellas de mar, al igual que otros equinodermos, tienen una gran capacidad de regeneración. Sin embargo, el “síndrome debilitante” las ataca de tal manera que no consiguen recuperarse y mueren.

Depredadores clave

Las estrellas no tienen depredadores, pero ellas son clave para mantener el bioequilibrio en sus hábitats.

Gran variedad

Hay unas 2.000 especies de estrellas de mar en los océanos de todo el mundo. Las habituales tienen cinco brazos, pero las hay hasta con 40.

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