Mírala bien a la cara, pues a partir de ahora, cada vez que te metas en el mar verás su rostro y sus cabellos. Pero intenta que el hechizo quede en eso: solo la vista, ya que si te toca… Ella es conocida como carabela portuguesa en el Mediterráneo, y como botella azul en Australia. Pero esta medusa (Physalia utriculus) no es en realidad un solo organismo; se trata de un zooide (individuo que forma parte de un cuerpo con organización colonial). Muchos zooides constituyen, por ejemplo, un tentáculo, y en esta medusa cada uno puede medir hasta 10 metros.

Un nombre mítico

Al igual que la criatura legendaria, las medusas, como esta Pelagia colorata, encantan con sus colores, hechizan con sus formas, embrujan con sus movimientos. Pero también pueden matar con sus “cabellos flotantes”. El color de las medusas se debe a la presencia de carotenoides en su dieta, principalmente zooplancton, aunque también comen crustáceos y peces pequeños. Este pigmento natural es el responsable de los colores cálidos: rojos, amarillos y naranjas. Los tonos más fríos, azules y violetas, son producto de la combinación de carotenoides con proteínas.

Soberana de los mares

Por tamaño y majestuosidad. Así es la crin de león, Cyanea capillata, también llamada medusa de fuego, la más grande de todas las especies: su umbrela puede alcanzar casi los 3 metros, y los tentáculos rozar los 30. Su hábitat se extiende desde México hasta el Ártico (allí se dan los especímenes más grandes). Como reina de los mares, también sus presas sufren su poder: su veneno es muy tóxico y, si por un accidente (la hélice de una lancha) o un depredador, uno de sus tentáculos se desprende, conserva sus células venenosas activas durante meses.

La venganza de los hombres

Ante tanta picadura y tan fuerte escozor, el ser humano muestra los dientes y no duda en zamparse a la Aurelia aurita, medusa común,  una de las más abundantes. Puebla las aguas del Atlántico, Pacífico y del Ártico. En Asia, particularmente en China e Indonesia, se utiliza para consumo humano. El modo más habitual de comerla es después de haberla hervido y macerado con aceite de sésamo.

La dama de los anillos

Algunas medusas se rebelan a la tersura de su umbrela y estallan en un bosque de “dedos”, como esta Cephea. El anillo azul que la rodea es la estructura muscular que le sirve para desplazarse. La medusa abre este anillo al mismo tiempo que por su boca absorbe líquido. Luego, expulsa el agua por el mismo sitio y contrae el anillo para avanzar.

Un autobús acuático

Eso representa para las larvas de cangrejo la Chrysaora fuscescens. Debido a su “facilidad” de desplazamiento, esta medusa es usada por las crías de ciertos crustáceos como transporte para llegar a la costa sin hacer ningún esfuerzo. Vive en el Pacífico, sus tentáculos sobrepasan los 4 metros y puede sumergirse a más de mil metros de profundidad.

Velos bajo el hielo

Claro que los científicos saben que habitan todos los mares del planeta, pero encontrarse en las gélidas aguas de la Antártida con una Desmonema glaciale más grande que uno mismo no es habitual. Y menos, fotografiarla bajo una capa de hielo de seis metros. Esta medusa alcanza los dos metros de umbrela. Durante el invierno vive en un letargo que le permite soportar las duras condiciones de las aguas.

Casi como una bailarina del mar, esta medusa de los manglares (Mastigias papua), habita las lagunas del archipiélago de Palau, en el Pacífico.

Es la protectora de los mares; la Thyasabostoma loriferum “cuida” a unos alevines de los depredadores.

Ojos que no ven y oídos que sienten

Las medusas tienen dos tipos de organos sensoriales: los ocelos, que detectan la intensidad de la luz, y los estatocitos, para el equilibrio.