Concurso de belleza de cobayas

Las miman, las llevan al peluquero y más...

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Cuando uno escucha la palabra cobaya le viene a la cabeza la imagen de un laboratorio donde los animales son sometidos a horribles experimentos. Pero lo cierto es que estos simpáticos roedores, también llamados conejillos de Indias, se están convirtiendo en las superestrellas del mundo de las mascotas domésticas.
La “culpa” la tuvo la película de Walt Disney G-Force, protagonizada por la versión animada de una de estas criaturas. Tras su estreno en Estados Unidos y Gran Bretaña han proliferado los “clubes de cobayas”, donde los dueños comparten sus experiencias con estos animalejos, los llevan al veterinario, e incluso los maquean en la peluquería.

Miss cobaya

En uno de estos peculiares clubes, situado en la localidad británica de Cheltenham, se celebra incluso un certamen de belleza para cobayas. En cada edición compiten alrededor de quinientos ejemplares. Los jueces valoran su aspecto, que debe ser saludable y agraciado, además de sus habilidades. Vamos, que los bichos tienen que estar bien entrenados para hacer cucamonas en público.

Es tal la avalancha de aspirantes a participar en este certamen que el club se ha visto obligado a realizar ¡cuatro convocatorias anuales! Los dueños de los ejemplares ganadores tienen luego el orgullo de ver cómo sus queridas cobayas aparecen en la portada del Cavies Magazine (magazine de las cobayas), revista británica especializada y convertida en algo así como en el ¡Hola! de esta especie. Lo que desconocemos es cuánto valdrá la exclusiva del romance entre dos roedores triunfadores. Seguro que un potosí.

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Ducha casera

Antes del show, Margaret Hooper prepara a su mascota Snowy lavándola con champú para gatos. Luego, la sumerge en agua con vinagre, para que tenga una piel suave y esponjosa.

Superroedor

Denise Hale con su mascota William, de la variedad lunkaray, que destaca por el pelo rizado. El animal ganó en un certamen anterior, y su dueña, orgullosa, se tatuó un dibujo de él disfrazado de Superman.

Criadero de campeones

Margaret Hopper, propietaria de la amscota ganadora de una de las ediciones del concurso, tiene hasta en su granja hasta ochenta ejemplares de cobayas. La mujer calcula que, al menos cinco de ellos, podrán ganar el certamen.

Y yo con estos pelos...

Woottom es un ejemplar de la familia peruvian, también conocida como cobaya de Angora. Se caracteriza por tener una melena más larga que la de Paris Hilton que le cubre todo el cuerpo.

Ante el tribunal

Dos ejemplares de la familia White self, que se caracteriza por su pelaje blanco y por tener los ojos de colores, comaprecen ante los jueces del certamen. Ninguno de ellos pasó a la final.

En la pelu

Igual que Sansón, la cabellera es el signo de distinción de la variedad peruvian. Para peinarlos se recomienda hacerlo con los mismos cepillos que se utilizan con los gatos persas. El pelo debe ser masajeado media hora cada día, primero desde el tronco hasta la cabeza y luego desde ese mismo punto hacia la cola.

La antesala de la fama

Más de quinientas cobayas esperan a que comience el concurso. Solo una de ellas se alzará con el ansiado premiado. Ansiado por sus dueños, claro está, porque a los animalejos la competición esta les importa realmente un bledo.

Campeona nata

Margaret Hoopper posa con los numerosos trofeos que ha ganado en diversas competiciones, y con dos de los ejemplares que han salido victoriosos en este procleoso mundo de los concursos de belleza para mascotas.

El sabor de la victoria

Mark Rubery y su mascota Camilla posan con la copa de campeones. Un emocionante mmento que nunca olvidarán mientras vivan. Bueno, al menos él.

Jueces sin piedad

Jerns Lindgen (izquierda) y Darren Fieldhouse, dos de los árbitros de la competición. El primero posa con una cobaya del Himalaya, y el segundo con un ejemplar de la familia Tort & White, caracterizada por su franja blanca. Ninguno de los dos roedores pasó a la final.

Puntuando.

Un juez examina a varias crías. Aunque todas tienen una mirada tierna, el árbitro evalúa la armonía existente entre la calidad de su pelaje y la redondez de su figura. Cuanto más parezcan una bola, más puntuación.

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