La insólita historia de “El hombre pararrayos”

¿Cuántas posibilidades hay de recibir el impacto de un rayo en nuestra vida? Descubre la electrizante historia de Roy Sulivan de mano de Mar Gómez de Eltiempo.es

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Las tormentas son un fenómeno que desde la antigüedad siempre ha llamado la atención del ser humano. En nuestro planeta se producen unas 40.000 al día y en cada una de ellas se generan miles de descargas eléctricas. Se calcula que en promedio pueden caer al día unos 8-9 millones de rayos, unos 100 por segundo. Y es que una sola tormenta eléctrica puede acumular más energía que la contenida en la bomba atómica.

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Visto así, es bastante inquietante contemplar la posibilidad de que nos caiga un rayo y sobrevivir para contarlo. La probabilidad de que esto ocurra es de 1 entre 3 millones. Pero la estadística no fue una buena aliada de Roy Sullivan, quien sufrió el impacto de un rayo en siete ocasiones y además sin sufrir daños graves. Esta sucesión de infortunios le hizo ganarse el apelativo de “el pararrayos humano”.

Siete impactos, siete situaciones al aire libre

Entre 1942 y 1977, Sullivan fue alcanzado por rayos en siete momentos y localizaciones diferentes, sobreviviendo a todas ellas y además sin sufrir lesiones graves.

Todo comenzó en abril de 1942 cuando Roy, guardabosques del Parque Natural de Shenandoah en Virginia (Estados Unidos), se encontraba en lo alto de una torre de vigilancia contra incendios y que además no contaba con pararrayos. Cuando la tormenta se desencadenó, Roy fue golpeado por uno de esos rayos que le entró por la pierna derecha y le salió por el pie.

En julio de 1969 sufriría el segundo impacto mientras conducía su camioneta con la ventana abierta. Y ahí estuvo el fallo, porque en caso de encontrarnos dentro de un vehículo, este actúa como una jaula de Faraday y aísla el impacto del rayo manteniéndonos a salvo. En cambio, con la ventana abierta se genera una corriente de aire que es aprovechada por el rayo para impactar. En este caso si sufrió quemaduras en las cejas, pestañas y pelo.

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Un año más tarde, el tercer rayo le provocaría heridas en el hombro cuando se encontraba en el patio de su casa durante una tormenta.

Trabajando de guardabosques sufrió otro impacto, en 1972, y un año después volvió a experimentar la extraña atracción que parecía tener con los rayos, de nuevo conduciendo su coche en medio del Parque Nacional. Los dos últimos impactos se produjeron en 1976 cuando se encontraba en la misma zona y, en 1977, cuando estaba pescando.

Sin embargo, parece que esta mala fortuna no solo le acompaño a él, sino también a su familia. Cuando era niño su padre sufrió la caída de un rayo en la hoz que usaba para segar el trigo en sus tierras. Además, su esposa recibió otro impacto cuando tendía la ropa en el patio de su casa junto a su marido que, en ese caso, se libró de sufrir su octava descarga.

El fin de la vida de Roy no fue menos trágico que ella en sí misma. Tras sumirse en una profunda depresión se suicidó en 1983 con el arma reglamentaria que portaba como guardabosques.

¿Mala suerte o mala cabeza?

La profesión de Roy Sullivan era guardabosques. Trabajó durante décadas en un entorno que lo expuso a un riesgo de rayos mucho mayor que el resto de la población, pasando mucho tiempo al aire libre, sorprendido por tormentas que se desarrollaban rápidamente y quizás sin tomar las precauciones apropiadas.

Aun así, no deja de ser excepcional el gran número de impactos que recibió este hombre en su vida. Algo insólito que le hizo ganarse un hueco en el Libro Guinness de los Récords.

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