¿Deberíamos graduar la vista a nuestros perros?

Observa bien a tu mascota. Quizás necesite gafas

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Fotografía: Creative Commons (Pixabay)

Cuando te acercas peligrosamente a los 40 (ahora no hace falta que te quites años, no nos mira nadie) aparece un desagradable compañero de viaje bautizado como presbicia y más conocido popularmente como vista cansada. Con el paso de los años, y tras ver un montón de barbaridades con nuestros ojos, el cristalino comienza a cansarse y no hace su trabajo con tanta efectividad como cuando eras un chaval.

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La razón es que el cristalino deja de ser flexible y se vuelve más rígido, lo que nos hace más ardua la tarea de enfocar de un sitio a otro. Especialmente en las distancias cortas. La mayoría de personas suele descubrir la presbicia cuando se da cuenta que su brazo no es lo suficientemente largo como para retirar un papel y conseguir leerlo.

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Prácticamente todas las personas desarrollamos presbicia cuando pasamos los 36 años. Incluso los que padecen otras anomalías como miopía, hipermetropía o astigmatismo, combinan esta afección con la suya habitual. Se salvan un poco los miopes, que por su condición, su camino hacia la vista cansada es más lento que el del resto de los mortales.

La presbicia en el reino animal

Pero el ser humano no es el único que padece problemas visuales. Tras ver a perros luciendo gafas de sol como nueva tendencia o un chimpancé usando bifocales, cualquiera podría esperarse que lo próximo es realizar una operación de LASIK a un bonobo.

Y no iríamos desencaminados. Según un nuevo estudio realizado por el Instituto de Investigación en Primates de la Universidad de Kyoto, los bonobos sufren exactamente la misma anomalía visual que los seres humanos al superar cierta edad. Según explican en la revista especializada Current Biology, a estos primates también se les resisten las distancias cortas según se van haciendo mayores.

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Para llegar a estas conclusiones, los investigadores observaron a 14 bonobos salvajes de edades comprendidas entre los once y los 45 años. Concretamente, se centraron en un comportamiento que suelen tener los bonobos cuando están en público: acicalarse entre ellos. Fue así como descubrieron que los más mayores tenían que alejarse de su objetivo para ver con claridad si estaban realizando bien la tarea.

Según los investigadores, los bonobos desarrollan la presbicia a los 40 años, lo que se asemeja mucho a lo que acontece en los cansados ojos de los seres humanos.

Fuente: seeker.com

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