Disfruta de tu próximo helado de vainilla. Podría ser el último

No hay vainilla suficiente para todo lo que queremos que tenga este sabor

¿Te imaginas un mundo sin chocolate, sin plátanos y sin vainilla? Ya, nosotros tampoco. Pero al parecer es lo que hay. Para comprender esta terrible situación en su contexto, debemos viajar hasta la República de Madagascar, un país insular algo más grande que España (pero con la mitad de población) que distribuye el 80% de vainilla natural que hay en el mundo gracias a sus pequeñas explotaciones agrícolas.

Pero tener el monopolio del sabor más demandado del mundo, no implica mayor producción. Según explica Scientific American, "los lugareños siguen polinizando a mano las orquídeas y cuidan de las vainas de la manera tradicional".

Que la vainilla se cuide con mimo no sería un problema si no se dieran estos dos factores: que los fabricantes se hayan visto obligados a sustituir los sabores artificiales y aditivos y que la vainilla sea uno de los más reclamados del mundo. Sin ir más lejos, "el año pasado, una serie de grandes empresas alimentarias, incluyendo General Mills, Hershey’s, Kellogg’s, y Nestlé, se comprometieron a eliminar sabores artificiales y otros aditivos de muchos alimentos vendidos en Estados Unidos".

Pero las buenas intenciones de las empresas alimenticias se ven limitadas por la cruda realidad: "Menos del 1% de aroma de vainilla viene de orquídeas de vainilla reales. Con una demanda al alza, el mercado del codiciado sabor está desequilibrado".

Por ello, las empresas de investigación alimentaria se centran ahora en encontrar un sustituto natural para la vainillina. Y no les está resultando sencillo: "para una gran empresa de alimentos, el cambio a la vainilla natural es similar a meter a presión un elefante en un Volkswagen". Máxime teniendo en cuenta el contexto: cuando las empresas más potentes del sector alimenticio prometieron cambiar sus productos a "lo natural", la producción de vainilla "había caído a 1.100 toneladas métricas", que viene a ser la mitad de la cosecha habitual.

Y claro, la gran demanda ha aumentado los precios, lo que podría convertir un simple helado de vainilla o una magdalena en una delicatessen. Actualmente la vainilla cuesta 215 euros por kilogramo, el doble que la cosecha anterior. Y mejor que no la pidas pura. "Las vainas de vainilla curadas contienen solo un 2% de aroma de vainilla extraíble, lo que significa que los precios de la vainilla pura alcanzaron los sorprendentes $11.000 por kg".

Fuente: scientificamerican.com

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