Un estudio demuestra que un tipo de moho, sin cerebro, puede aprender

La investigación, realizada por expertos de Francia y Bélgica, desafía la concepción de lo que llamamos inteligencia

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Moho Physarum polycephalum. Crédito imagen: frankenstoen

Todas las definiciones de inteligencia, o al menos la gran mayoría, infieren el uso de materia gris para aprender de la experiencia. Pero un nuevo estudio, publicado en en la revista Proceedings de la Royal Society B, desafía esta noción.

Un grupo de científicos de la Universidad de Toulouse y de la Universidad Libre de Bruselas, ha estudiado al moho mucilaginoso Physarum polycephalum (también conocido como moho de muchas cabezas) y descubrieron que es capaz de “aprender” a evitar sustancias irritantes, pese a no tener un sistema nervioso central.
Este hongo está formado por células independientes que se unen en “gotas” amarillas y habita los troncos y las hojas en descomposición de lugares húmedos. A un ritmo lento, es capaz de moverse extendiendo unas protuberancias llamadas seudópodos. El P. polycephalum fue sometido a una suerte de terapia de aversión, similar a la que se practica en seres humanos con diversas fobias, por ejemplo acercando cada vez más a la persona a una araña si le teme.

En este tipo de terapia se producen cambios en el comportamiento n respuesta a estímulos repetidos. El objetivo del equipo era ver si un organismo sin un sistema nervioso podía "aprender" de la experiencia y cambiar su comportamiento en consecuencia. Para ello cultivaron muestra de este moho en placas Petri y en otra placa pusieron alimento. Entre ambas un puente con un gel hecho de agar, una sustancia gelatinosa derivada de ciertas algas. El moho tardó dos horas en cruzar el puente para alimentarse. Luego los científicos pusieron quinina y cafeína en el mencionado puente. Estas sustancias le producen rechazo, pero no provocan daño. El moho intentó por todos los medios evitar la sustancia en el puente y tardó tres horas en cruzarlo. En los días sucesivos el camino se hizo cada vez más rápido, a medida que el P. polycephalum “comprendía” que las sustancias no eran dañinas.
“Nuestros resultados – afirman los autores en el estudio – sugieren que las características distintivas del aprendizaje pueden darse a nivel de células individuales y apuntan a la diversidad de organismos que carecen de neuronas capaces de mostrar una capacidad hasta ahora no reconocida para el aprendizaje”.
Descubrir esta cualidad en un organismo que precedió a los seres humanos en la Tierra por unos 500 millones de años, sugiere que "aprender" puede ser anterior a la aparición de los sistemas nerviosos.

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