Sí, los unicornios existieron. Y eran feos

Tanto que te pensarás dos veces si volver a pronunciar la manida frase "¡arre unicornio!"

El unicornio se ha convertido, junto con la ardilla que salta de cabeza en cabeza, en uno de los recursos más manidos de Internet. Representado como un caballo con un cuerno en la frente a través del cual despliega un arco iris, era hasta ahora una criatura mitológica a la que solo veíamos en cuentos de hadas, dibujos o memes.

Aunque sabíamos de la existencia del Elasmotherium sibiricum, más conocido popularmente como 'unicornio siberiano', una nueva investigación publicada en American Journal of Applied Sciences afirma haber descubierto algo sorprendente sobre esta extraña especie: que vivió en nuestro planeta hace mucho menos tiempo de lo que pensábamos. Si bien los estudios anteriores creían que el unicornio siberiano se había extinguido hace 350.000 años, la nueva investigación ubica el momento de su desaparición hace solo 29.000 años.

La mala noticia es que no era blanco, su cuerno no disparaba rayos con arco iris y es bastante menos bonito de lo que estamos acostumbrados a ver. El real era más peludo, rechoncho y más similar a un rinoceronte o un mamut que a un caballo. Medía unos dos metros de altura y casi cinco de longitud. Lo que sí es cierto es que tenía un enorme cuerno.

La pregunta que queda en el aire para los autores de este hallazgo es cómo se las ingenió el unicornio siberiano para vivir hasta esa época tan avanzada, ya que los demás ejemplares de su especie desaparecieron de la faz de la tierra hace cientos de miles de años. Según explica Andrei Shpanski, paleontólogo de la Universidad de Tomsk, "es probable que el suroeste de Siberia fuese un refugio donde la especie pudo llegar a sobrevivir mucho más que en el resto del planeta".

El descubrimiento se produjo gracias a un cráneo fosilizado muy bien conservado hallado en Kazajistán. Gracias al mismo, los científicos han logrado saber que la criatura seguía viva y coleando por nuestro planeta hace 29.000 años.

Fuente: phys.org

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