A la luz de las flores

Una farola inteligente que imita un girasol. El prototipo Light Blossom de Philips combina las energías solar y eólica y dosifica su luminosidad

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La farola inteligente de Philips presenta un aspecto de día (abierta) y otro de noche (cerrada).

Durante el día, esta peculiar planta urbana absorbe energía del astro rey a través de las células fotoeléctricas situadas en la parte superior de sus “pétalos”. Pero su sistema de alimentación va más allá. Gracias a los sensores que incorpora, puede detectar cuándo el viento sopla con la fuerza suficiente y poner en marcha todo su cáliz, transformado así en un rotor eólico. Al anochecer, cierra sus hojas y la energía acumulada comienza a brotar a través de los LEDs colocados en el envés de las mismas en forma de una luz muy tenue. Cuando alguien se acerca al tallo, otra serie de sensores advierte su presencia y aumenta la intensidad lumínica, que vuelve a remitir cuando el sujeto se aleja.

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El concepto, aún en desarrollo, ha sido presentado en el Simplicity Event que Philips ha organizado esta semana en Moscú. En una primera fase se autoabastecerá con energías limpias “en cualquier parte, incluso en medio del desierto”, en palabras del director creativo del proyecto, Bertrand Rigot, a Quo. Más tarde, se espera que pueda incluso donar parte de la energía que produce a la red eléctrica.

Para cumplir ambos objetivos, aún faltan por concretar los sistemas de almacenamieto de esa energía, una empresa que “se verá muy beneficiada de los avances en el sector de los coches híbridos”, según opina Erwin Domans, director de marketing global de iluminación exterior de Philips.

Pero además de esta faceta alternativa en cuanto a su alimentación, el Light Blossom pretende combatir la contaminación lumínica gracias a su regulación de la luz. Domans destaca que “las calles no necesita la misma cantidad de luz a las ocho de la tarde que a las tres de la madrugada”. Y la idea de regular esa intensidad de forma activa puede aportar un elemento embellecedor a ciudades y calles: “imagina una plaza en la que las farolas vayan brillando más o menos a medida que los transeúntes pasan bajo ellas”, propone Bertrand Rigot, “sería como si estuviera respirando”.

Según sus cálculos, “el proyecto podría llegar a ser factible en entre 3 y 5 años”.

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