A los peces les gusta salir con sus primos

Distinguen a parientes que no han visto nunca

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© Joachim Frommen

A veces moverse en pandilla tiene sus ventajas. Por ejemplo, reducir las probabilidades de terminar en la boca (o el pico ) de algún enemigo hambriento. Esto lo saben muchas especies de peces, que surcan las aguas en cardúmenes. Pero ¿cómo eligen a sus acompañantes? Según afirman Joachim Frommen y sus colegas de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Austria) muchos de ellos se dejan guiar por la llamada de la sangre.

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En una serie de experimentos con peces espinosos (Gasterosteus aculeatus) han comprobado que, si se les da a elegir entre un grupo de parientes y otro de individuos sin relación familiar con ellos, se inclinan mayoritariamente por el primero. Y la confianza en la estirpe debe de ser ciega, ya que, cuando se divide a los primos en conocidos y desconocidos, los espinosos se unen con el mismo interés a cualquiera de los dos grupos.

En el artículo publicado en la revista Ethology, Frommen explica que el mecanismo para identificar a la familia es básicamente aromático: “Parece que a los peces se les queda grabado a edad muy temprana, entre otras cosas, los rasgos olfativos de sus parientes más cercanos y, a partir de ellos, pueden reconocer el grado de parentesco de otros congéneres”.

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