Roedores ladrones

Ayudan a sobrevivir a las palmeras

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© Christian Ziegler

Hace millones de años, unos antepasados de los elefantes conocidos como gonfoterios alimentaban sus enormes cuerpos de cuatro colmillos con hierbas, hojas y frutos. Como parte del menú, ingerían semillas de las palmas de palmira (Borassus flabellifer), un tipo de palmera que alcanza los 30 m de altura, y las expulsaban enteras en sus heces a gran distancia de sus árboles de procedencia. De esta forma aseguraban la supervivencia de la planta y la extensión de su hábitat.

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Aunque los gonfoterios desaparecieron hace unos 10.000 años, las palmeras aún continúan entre nosotros, para sorpresa del mundo científico, que lleva décadas preguntándose cómo han seguido expandiéndose. Según un estudio publicado en PNAS, la respuesta podría estar en una historia de ladrones protagonizada por unos avispados roedores llamados agutíes.

Durante las épocas de bonanza, estos habitantes de las zonas tropicales almacenan frutos y semillas, enterrándolos en el suelo para épocas más duras. Pero los investigadores han descubierto un aspecto decisivo de esta costumbre: al colocar transmisores de radio en el cuello de los agutíes y en las semillas y observarlos con cámaras, han comprobado que los animales saquean frecuentemente los escondrijos de otros congéneres y además cambian de sitio sus propias semillas una y otra vez, hasta el punto de que algunas de las rastreadas estuvieron ocultas en 36 localizaciones distintas.

En algunos casos, en el proceso intervenían también ardillas, que las trasladaban a oquedades de árboles, o algunas especies de ratas, que las llevaban hasta sus madrigueras. De esta forma, el rango de distribución de las palmeras se expande tanto como si las estuvieran diseminando los gonfoterios de otros tiempos. Los investigadores consideran que otras especies de árboles pueden haber sobrevivido también gracias a este tipo de comportamientos, y que conocerlos “abre un nuevo camino para estudiar cómo pueden ayudar los animales a los árboles a adaptarse al cambio climático mediante la dispersión de sus semillas”, según Roland Kays, uno de los coautores y zoólogo de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU).

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