El extraño caso de las praderas submarinas

¿Qué ha pasado para que empiecen a mostrar algunos signos de recuperación en Europa?

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FERNANDO ESTALLERAS

La gestión del agua impulsada por las administraciones locales, nacionales y europeas podría estar dando sus primeros resultados en las praderas submarinas en Europa, según un estudio con participación del CSIC, publicado en la revista Nature Communications.

El estudio atribuye la recuperación a las acciones de gestión para mejorar la calidad del agua, pero también resalta que una tercera parte de estos ecosistemas ha desaparecido debido al deterioro de la calidad del agua, a una enfermedad que afectó a la especie Zostera marina y al desarrollo costero, con los picos de pérdida más importantes en los años setenta y ochenta.

Los científicos han empleado para su investigación registros desde 1869 que incluían series temporales sobre extensión y densidad de las praderas submarinas en 737 puntos a lo largo de la costa de 25 países europeos. Estos ecosistemas consisten en plantas con flores (no son algas) que ocupan extensas áreas en las zonas costeras. Su importancia es decisiva: mantienen las pesquerías, juegan un importante papel en el secuestro del carbono procedente de la atmósfera, aportan protección a la costa y en ellas habitan especies amenazadas como los caballitos de mar.

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RUI SANTOS

“Nuestro estudio muestra que Europa ha perdido en los últimos 150 años un tercio de las praderas submarinas, lo que significa que ya no disponemos de los beneficios que aportaban”, explica la primera autora del trabajo, la investigadora Carmen B. de Santos, del Centro de Ciências do Mar (Portugal). Según Rui Santos, investigador del mismo centro, los resultados “son muy alentadores, al contrario que la tendencia global. En Europa, las tasas de pérdida empezaron a ralentizarse a finales del siglo XX. En algunas regiones se han recuperado las praderas submarinas de especies de crecimiento rápido. Todo ello da esperanza a los esfuerzos de conservación de las praderas y aporta resultados positivos a acciones de conservación como la mejora de las áreas marinas protegidas y la disminución del aporte de nutrientes”.

La desaceleración de las tendencias de pérdida de praderas comenzó después de que se adoptaran políticas e iniciativas de gestión para reducir la eutrofización o contaminación por exceso de nutrientes, incrementar las áreas marinas protegidas y mejorar la salud de las aguas costeras a nivel nacional y subnacional y, posteriormente, de la Unión Europea, según explica la investigadora del CSIC Teresa Alcoverro, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes.

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