Sidereus nuncius. Mensajero sideral. El libro de Galileo Galilei robado de la Biblioteca Nacional es uno de los ensayos más hermosos, revolucionarios y relevantes de la historia de la ciencia. Leer el Sidereus nuncius es una de esas cosas que uno ha de hacer alguna vez en la vida.

Alguien dio el cambiazo en la Biblioteca Nacional de España y se llevó el original del Sidereus nuncius de Galileleo Galilei y dejó una copia falsificada.

El libro robado de Galileo es una de las obras más emocionantes de la ciencia. No es extraño que alguien pagara 500.000 euros en un mercado negro por tener el original. En ese manuscrito, escrito en latín en 1609, están los dibujos y las anotaciones a mano del sabio que inició el camino para observar el universo apartando el velo de dios y los mitos. Galileo se quedo solo con el ojo desnudo y un rudimentario telescopio encumbrado en el campanario de una iglesia.

«En verdad, es algo grandioso poner al alcance de los ojos la inmensa multitud de estrellas fijas, que hasta hoy solo podían observarse con las facultades naturales, y añadir a ellas otras innumerables, antes nunca vistas, que superan a las anteriores y conocidas en número diez veces mayor”, Galileo Galilei, Siderus Nuncius. Mensajero sideral.

El libro de Galileo fue el primer trabajo científico basado en observaciones hechas con un telescopio. Contiene los resultados de las observaciones iniciales de la Luna, las estrellas y las lunas de Júpiter. Su publicación se considera el origen de la moderna astronomía y provocó el colapso de la teoría geocéntrica. Su apoyo a las teorías de Copérnico enterraron definitivamente la idea de que la Tierra fuera el ombligo de Dios.

Galileo hacía sencillos dibujos de lo que veía, pequeños esquemas de los planetas con sus lunas observadas por primera vez por un ojo humano, el suyo. Sus anotaciones, sus dibujos, sus emociones están escritas en latín en esa obra original que alguien guarda con celo en algún escondido lugar del mundo.

Sidereus nuncius. Mensajero sideral.

“Es en extremo hermoso y sumamente agradable observar tan de cerca el cuerpo de la Luna», Galileo Galilei. Sidereus Nuncius. Mensajero sideral.

Dibujos de la Luna de Galileo

Dibujos de la Luna en los que muestra su superficie labrada por accidentes geográficos.

Galileo Galilei miraba a través de un pequeño telescopio. Dedicó horas y horas a observar y anotar lo que veía en la absoluta serenidad de las noches. Había montado su telescopio en un rudimentario soporte sobre una mesa en el campanario de San Giorgio Maggiore en Venecia.
Dibujó lo que vio: las primeras imágenes de la superficie de un mundo más allá de la Tierra. La superficie de la Luna.

Galileo pudo observar “Más allá de los confines de la luz y las tinieblas”. Y detalla cómo cuando llegaba la luz del sol, y parte de la luna está aún iluminada y parte no, la línea que separa luz y sombra no era una línea recta. De algún modo, valles y montañas eran los responsables de esa inquietante discontinudidad,

Y la Luna no era perfecta

“’La superficie de la Luna no es perfectamente lisa, libre de desigualdades y exactamente esférica … al contrario, es desigual, llena de huecos y protuberancias, al igual que la superficie de la Tierra misma, que se ve variada en todas partes por altas montañas y profundos valles ”, Galileo Galilei, Sidereus nuncius.

Al observar los detalles de la superficie, que Galileo describe con auténtica poesía, la Luna pierde la lisura que se esperaba de los astros. Aristóteles se había equivocado. Los cielos no son perfectos, ni los planetas esferas inmaculadas.

Observando noche tras noche, Galileo descubrió diez veces más estrellas con su telescopio de las que se ven con el ojo desnudo. Encontró el cinturón de Orión, observó las Pléyades. Dedujo que la Vía Láctea estaba formada por conjuntos de estrellas demasiado pequeñas y cercanas para ser identificadas individualmente a simple viste.

Se acercó a Júpiter

En el Sidereus nuncius presenta observaciones de las lunas de Júpiter entre enero y marzo de 1610. Del hecho de que estos astros cambiaban su posición relativa noche tras noche conservando siempre la orientación en una misma línea recta dedujo que se trataba de lunas de Júpiter.

«He aquí que el séptimo día de enero del presente año de mil seiscientos diez, a la hora primera de la consiguiente noche, mientras contemplaba con el anteojo los astros celestes, apareció Júpiter. Disponiendo entonces de un instrumento sobremanera excelente, percibí (cosa que antes no me había acontecido en absoluto por la debilidad del otro aparato) que lo acompañaban tres estrellitas, pequeñas sí, aunque en verdad clarísimas; las cuales, por más que considerase que eran del número de las fijas, me produjeron cierta admiración por cuanto que aparecían dispuestas exactamente en una línea recta paralela a la Eclíptica, así como más brillantes que las otras de magnitud pareja», Galileo Galilei. Sidereus nuncius.

Para ganarse el favor de Cosimo II de Médici, cuarto Gran Duque de la Toscana, y su más que necesario mecenazgo económico, Galilelo dedicó el Sidereus Nuncius a este noble italiano nombrando los cuatro satélites de Júpiter como «Planetas Mediceos». Hoy en día estos cuerpos se denominan satélites galileanos y se llaman: Io, Europa, Calisto y Ganímedes.

El Mensajero sideral de Galileo Galilei fue la primera publicación que se realizó acerca del empleo del telescopio para observar el cielo nocturno. Con las investigaciones y la obra completa de Galileo se inicia el surgimiento de la Física y la Astronomía tal como son conocidas actualmente.

Sin embargo, a través de la pequeña lente de Galileo, el universo se iba haciendo cada vez más y más grande. Galileo generó una inquietud científica y existencial que llega hasta hoy. No solo importa lo que somos capaces de observar, sino que sabemos que hay mucho más, que no vemos. Desde Galileo, el conocimiento del cosmos se reduce al tamaño de la lente que seamos capaces de crear. Del otro lado, las sombras son cada vez más grandes.

Sidereus Nuncios. El libro completo en pdf

“Todo esto ha sido descubierto y observado con el auxilio de un anteojo inventado por mí hace pocos días, con la luz de la gracia divina”, Galileo Galilei. Sidereus nuncius.

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