¿Por qué son necesarios los macacos en investigación? ¿Habría sido posible desarrollar tratamientos y vacunas contra la COVID-19 sin ellos?

Lluís Montoliu es presidente del Comité de Ética del CSIC, forma parte del panel de ética del Consejo Europeo de la Ciencia en Bruselas, y es uno de los promotores del acuerdo COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España) por la transparencia en la experimentación animal en España: ¿Por qué son necesarios los macacos en investigación? ¿Habría sido posible desarrollar vacunas contra la COVID-19 sin ellos?

“Hay quien está en desacuerdo, pero incluso los que están más en desacuerdo, cuando tienen una enfermedad grave y necesitan un tratamiento o un procedimiento quirúrgico, tienen que aceptar que ese tratamiento, ese procedimiento quirúrgico, antes de poder ser aplicado en personas, ha sido validado en animales», comenta Lluis Montoliu sabiendo que pisa terreno resbaladizo.

Todos los tratamientos y las vacunas que nos permitirán poner fin a la pandemia ocasionada por el SARS-CoV-2 se han probado antes, como dicta la ley, en dos modelos animales, uno de ellos, el Macaco Rhesus.

Organoides y modelos informáticos para suplir a los animales

Qué hay de los modelos informáticos, o de los organoides que se desarrollan en laboratorio, ¿podrían suplir a los macacos? “No”, asegura tajante Montoliu. “Si tú dices que se puede hacer cualquier experimento en modelos informáticos, esto estrictamente no es cierto, es  mentira en estos momentos. Y te aseguro que cuando tengamos una alternativa, nosotros seremos los primeros en promoverla, porque no tenemos ninguna intención de seguir utilizando animales, esto que quede claro».

¿Cómo sería si no usáramos modelos animales?

El grupo de la Universidad de Oxford, de Adrian Hill, (director del Instituto Jenner de la universidad) propuso saltarse los ensayos con animales para acelerar en la carrera por el desarrollo de su vacuna contra el SARS-CoV-2.

Lo habían hecho anteriormente con una vacuna contra la malaria. Buscaron voluntarios a los que les administraban la vacuna y luego les ponían un desafío con esporozoitos ( la forma infectiva del plasmodium que causa la malaria) para ver si la vacuna les protegía, esto sin probarlo previamente con animales.

Comprobaron que en algunos casos había protección, pero en otros no. El dilema está en que esos voluntarios, si enfermaban, tenían fármacos para tratar la malaria. En el caso de la COVID-19 no los había. «Era una propuesta para ir más rápido -explica Montoliu-. Esto fue una imprudencia. Fue una irregularidad. Algo con lo que yo me manifesté en contra y  que me parece éticamente inaceptable».

En todo ensayo, antes de que el fármaco o la vacuna llegue a los humanos, ha de probarse en dos modelos animales. “Hay cuatro principios fundamentales de la bioética. Los dos primeros son: no hacer el mal  y hacer el bien. No hacer el mal se traduce por seguridad en los medicamentos, y hacer el bien se traduce por eficacia. La única manera que tenemos de evaluar la seguridad y la eficacia de un nuevo tratamiento es en modelos animales”.

Los ratones humanizados

Inicialmente la mayor parte de los ensayos se hacen en roedores. Ellos son el primero de los dos modelos animales que se exige para probar todo tratamiento.

Para el SARS-CoV-2 han sido necesarios ratones transgénicos. Se les llama ratones humanizados a aquellos que contienen algún componente biológico funcional de origen humano, por ejemplo, unas pocas células, un fragmento de ADN, tejidos, tumores o incluso un sistema inmunitario procedente o idéntico al nuestro.

«El SARS-CoV-2 necesita un receptor específico para acceder a las células humanas, y la variante que tienen los roedores de forma natural no es compatible para el virus. Así que la opción más habitual  es utilizar un ratón modificado genéticamente, al cual se le ha incorporado el gen que codifica para el receptor humano, en este caso el receptor ACE2», explica el experto.

Un ratón humanizado como modelo para probar las vacunas contra el coronavirus.

Estos ratones existen, se crearon hace tiempo para un coronavirus anterior. Al principio había una corta disponibilidad porque los ratones mutantes necesarios para experimentación no están vivos, «no los tenemos continuamente vivos corriendo por el laboratorio», explica Montoliu, «los únicos animales que tienen que estar vivos y así nos lo exige la legislación, son aquellos que están en un procedimiento experimental».

Antes de entrar a formar parte de un ensayo, están en procesos de criopreservación en nitrógeno líquido, igual que los espermatozoides y óvulos humanos para fecundaciones in vitro. «La primavera pasada -continúa Montoliu- con la pandemia, surgió la necesidad de ratones. Se descongelaron. Se rescataron, y hubo que esperar unas semanas hasta que estuvieron disponibles para formar parte de los ensayos».

La vacuna de Mariano Esteban y de Juan García Riaza se ha probado en ratones en las instalaciones del CISA,  Centro de Investigación en Sanidad Animal, que cuenta con instalaciones que permiten hacer este tipo de experimentos con un nivel de seguridad 3, el que se requiere para un virus de estas características.

¿Por qué macacos y no chimpancés?

Antes de saltar a los ensayos clínicos en humanos hace falta un segundo modelo animal. Las vacunas, sobre todo en aquellas enfermedades que afectan directamente al hombre como es la COVID-19, es necesario probarlas en una especie que tiene de por sí, sin modificar genéticamente, un receptor que es compatible para el virus, y estos son los Primates no Humanos, NHP por sus siglas en inglés.

«Hay muchos tipos de primates genéticamente muy parecidos a nosotros. La gente piensa en el bonobo, en el chimpancé, en el gorila, en el orangután, es decir, los Grandes Simios. Pero estos son intocables en experimentación», aclara Montoliu.

La protección absoluta de los Grandes Simios se estableció en la última directiva europea,  2010/ 63, en activo desde el año 2013 en todos los países de la Unión Europea. «Precisamente porque son tan parecidos a nosotros, porque nos vemos tan reflejados en ellos, a los Grandes Simios se les dio un estatus especial  y se prohibió la experimentación excepto en aquellas situaciones que fueran absolutamente necesarias, especialmente si afectan a su propia salud. Entonces, naturalmente, habría que intentar solucionarlo»·

El genoma del Macaco Rhesus es igual al humano en un 97,5%. Nos parecemos tanto, que le debemos mucho.

¿Qué nos queda? Otros simios que no son tan parecidos a nosotros, que no están en peligro de extinción y se pueden criar en cautividad. El genoma del Macaco Rhesus es igual al humano en un 97,5%. Nos parecemos tanto, que le debemos mucho.

«No salimos a la selva a cazar Monos Rhesus para experimentar -explica Montoliu con ironía- A veces estas cosas hay que decirlas claramente, porque si no la gente piensa que para probar alguna vacuna  nos hemos ido al Congo o nos hemos ido a Camerún a capturar catorce monos y los hemos utilizado en un ensayo. Esto no es así».

«La tendencia es a reducir el número de ensayos con primates,  y solamente dejarlos para aquellos ensayos en los cuales son insustituibles. Los ensayos de SARS-CoV-2 son un ejemplo de ello», añade Lluís Montoliu.

La escasez de macacos para futuros tratamientos contra la COVID-19

Cada uno de los macacos criados en centros destinados a la investigación biomédica tiene su carnet de identidad, como cualquier persona. El centro en el que se crían tiene un historial de ese se macaco.  Se especifica quiénes son sus padres, dónde nació, las enfermedades que haya podido tener, como cualquiera de nosotros, y si puede involucrarse o no en un ensayo.

«La tendencia es a reducir el número de ensayos con primates,  y solamente dejarlos para aquellos ensayos en los cuales son insustituibles. Los ensayos de SARS-CoV-2 son un ejemplo de ello», añade Lluís Montoliu.

La demanda de macacos para ensayos de fármacos y vacuna contra la COVID-19 ha dejados desabastecidos los centros habituales de cría, y fundamentalmente en este momento la investigación está en manos de China, que sí tiene macacos disponibles para ensayos. El precio del macaco se ha disparado en el mercado.

«Ya me lo imaginaba», confirma con pesar Lluís Montoliu. «Esto es así. Sean macacos, sean ratones, sean gallinas, sean lo que sea, esto es la ley de la oferta y la demanda. Desgraciadamente es así y lo estamos viendo con las vacunas y lo estamos viendo con todo. A mí me parece tremendo que en Occidente haya muchos países que han comprado más vacunas de las que necesitan para su población y haya continentes a los que apenas han llegado un centenar de dosis. Dicen, es el mercado. Pero esto me preocupa muchísimo, sinceramente».

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China y la crisis de los macacos