No hay macacos suficientes para probar las vacunas contra la COVID-19 que aún están en Fase 1, entre ellas, la española más avanzada. El suministro de Primates No Humanos (NHP) para experimentación depende en estos momentos de China, que ha prohibido la exportación.

China prohibió la comercialización con animales salvajes cuando estalló la pandemia y la ley incluyó a los macacos que suministraban a centros europeos y norteamericanos para investigación biomédica.

Sin probar las vacunas en macacos, ninguna agencia del medicamento las aprobará, ni las vacunas, ni cualquier otro tratamiento en desarrollo que pueda ser eficaz contra la COVID-19 o cualquier otra enfermedad. Sin los macacos chinos, los centros de investigación europeos y norteamericanos están desabastecidos. Más de 500 procedimientos aguardan en una inquietante lista de espera que China tiene bajo control.

Con una demanda desesperada, el precio promedio de los animales más utilizados en investigación (macacos rhesus, macacos cynomolgus y titíes) se ha duplicado a 12,000 euros en el último año.

Desde el Deutsches Primate Center GmbH (DPZ),  en Alemania, donde llevan a cabo investigaciones biológicas y biomédicas en todas las áreas en las que los estudios sobre primates no humanos desempeñan un papel central, explican así a Quo.es la situación:

“La  mayoría de nuestros centros se enfrenta a problemas en el suministro de macacos desde China, debido a la paralización de los vuelos y a que las autoridades chinas no permiten la exportación de monos. Se ha expresado la esperanza de que China reanude la exportación después del Año Nuevo chino”. El año del buey acaba de comenzar.

A menos que se aborde esta escasez, Occidente dependerá peligrosamente de China para probar nuevos tratamientos no solo para la COVID-19, sino para todos los que están en desarrollo para enfermedades cardíacas, cánceres, trastornos neurológicos y un largo etcétera. La sombra del gigante asoma afilada sobre la salud humana del futuro.

Los macacos imprescindibles para la vacuna contra la COVID-19

Los investigadores que han desarrollado vacunas contra la actual pandemia de Covid-19 han dependido en gran medida de la posibilidad de probarlas primero en NHP (Primates No Humanos por sus siglas en inglés).

La vacuna de Pfizer/BioNTech (es decir, la vacuna Covid-19 aprobada por primera vez por la Comisión Europea el 21 de diciembre) se basó en datos preclínicos generados por BioNTech en Alemania, utilizando macacos rhesus para demostrar que los receptores de la vacuna estaban totalmente protegidos contra el virus SARS-CoV2, y para garantizar su seguridad.

Otras vacunas candidatas al Covid-19, como la de Oxford/AstraZeneca y la de Janssen, también han recurrido a pruebas preclínicas con NHP para comprobar su seguridad y eficacia. La vacuna española desarrollada por Mariano Esteban, del CSIC, está a la espera de ensayos en macacos.

Kirk Leech, director ejecutivo de la Asociación Europea de Investigación Animal  (EARA) advierte que estamos ante una crisis de calado, que puede dejar en manos de China el control de la salud humana.

«Cómo lucharíamos para hacer frente a una próxima pandemia si los investigadores en los EE.UU. y Europa no pueden tener acceso a los NHP que necesitan? Este es un miedo real”

“Con más de 500 tratamientos y vacunas en desarrollo preclínico para hacer frente a la pandemia de Covid-19, la prohibición de China de exportar NHPs supone un reto importante para los investigadores de la industria europea, el mundo académico y las organizaciones benéficas, que tendrán que conseguir cómo sea los animales necesarios para continuar con esta investigación vital» explica con preocupación Kirk Leech y añade:

«Parte de esta investigación europea se llevó a cabo en los EE.UU., imagínese cómo lucharíamos para hacer frente a la próxima pandemia si los investigadores en los EE.UU. y Europa no pueden tener acceso a los NHP que necesitan?  Este es un miedo real”.

¿De cuántos macacos hablamos?

Hans-Erik Carlsson y Steven Schapiro, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, revisaron  3.000  publicaciones sobre investigación biomédica durante el año 2001. Su estudio se publicó en PUBMed. Encontraron que 4.411 proyectos de investigación habían experimentado con unos 41.000 monos y otros simios. Extrapolaron el dato de que la investigación médica utiliza unos 200.000 primates al año. Y aquello fue en 2001. Basta con echar un ojo a Google para ver que las investigaciones en biomedicina en las que han sido necesarios NHP en la última década se han multiplicado.

En 2019, se utilizaron 2.015 Primates No Humanos en experimentos sólo en el Reino Unido. Solo 220 de ellos no fueron importados.  1.154 procedían principalmente de Isla Mauricio y 782 de Asia, aproximadamente el 75% de los cuales llegaron de China.

De China depende al menos una cuarta parte de los primates necesarios para investigación en el mundo. Estados Unidos depende de China para el 60% de sus monos, unos 35.000 al año.

Con el aumento de la demanda, el precio promedio de los animales ha llegado a los 12,000 euros en el último año y Kirk Leech alerta que ha visto casos excepcionales de empresas e incluso de investigadores que han negociado individualmente, y han llegado a pagar 30.000 dólares por mono.

Isla Mauricio ha anunciado que no tiene macacos disponibles

Isla Mauricio, en el océano Índico, mantiene uno de los centros de suministro  más importantes de macacos de cola larga para investigación. Cada año exportan hasta 10.000 monos, unos 4.000 a la UE (incluido el Reino Unido) y otros miles a los Estados Unidos. Este año, desbordados por la pandemia, han anunciado que no cuentan con más macacos disponibles.

“Ciertamente hay una crisis de suministro, con una demanda que supera la oferta. El  porcentaje de NHP importados en Europa desde China, es pequeño en comparación con el porcentaje que llegaba de Isla Mauricio. Sin embargo, desde Isla Mauricio han informado que las instalaciones de cría de la isla están al máximo de su capacidad y no es posible recuperar esa diferencia en semanas o incluso años (el tiempo de cría y gestación de un macaco es largo). Además, los investigadores de EE.UU. también están tratando de conseguir NHPs de cualquier lugar que puedan, por lo que la demanda y el precio están aumentando”.

La estrategia de China para controlar la investigación del futuro y la salud

Las sospechas de intento del dominio farmacéutico de China no son nuevas. En 2016, David Cyranoski, de la revista Nature, pudo acceder al Laboratorio clave de Yunnan de investigación biomédica de primates cerca de Kunming en el suroeste de China. En su artículo “Monkey Kingdom”, describió un paraíso de investigación donde el activismo por los derechos de los animales no existe y la burocracia no presenta obstáculos.

“Con el apoyo de los gobiernos central y local, las instalaciones de alta tecnología para primates han surgido en Shenzhen, Hangzhou, Suzhou y Guangzhou durante la última década”, escribió en el artículo para Nature David Cyranoski. «Estos centros chinos pueden proporcionar a los científicos monos en grandes cantidades con poca burocracia».

Kirk Leech refuerza su temor a que la investigación del futuro esté contralada por China: «Los Primates No Humanos (NHP) son esenciales para el desarrollo de nuevos medicamentos y vacunas, en particular para probar la seguridad de los candidatos antes de que entren en los ensayos clínicos, con avances históricos fundamentales en las vacunas contra el VIH, la viruela y la poliomielitis que fueron posibles gracias a la investigación con estos animales».

«Esta política está en plena consonancia con la estrategia «Made in China 2025» que apareció por primera vez en el Informe de Trabajo del Gobierno presentado por el Primer Ministro Li Keqiang en 2015”

Con la actual prohibición de las exportaciones de China, estos animales se utilizan para la I+D y los ensayos de medicamentos y vacunas exclusivamente en China, lo que refuerza la capacidad de investigación biomédica del gigante asiático en relación con el resto del mundo y, por lo tanto, convierte a China en un mercado más atractivo en el que invertir. «Esta política está en plena consonancia con la estrategia «Made in China 2025» que apareció por primera vez en el Informe de Trabajo del Gobierno presentado por el Primer Ministro Li Keqiang en 2015”, alerta Kirk Leech.

La lectura directa de las declaraciones de Leech es esta: si solo se puede investigar en China, la todopoderosa industria farmacéutica invertirá en China.

El nuevo ‘Made in China’ avanza

Made in China 2025 es el nombre de un plan estratégico  anunciado por el primer ministro Li Keqiang y su gabinete en mayo de 2015. Con él, China pretende dejar de ser la «fábrica del mundo» (que produce bienes baratos y de baja calidad) y pasar a producir productos y servicios de mayor valor.  El plan se centra en campos de alta tecnología, como la industria automotriz, la industria aeroespacial, los semiconductores, la informática , la robótica, y también, la industria farmacéutica, actualmente en manos extranjeras.

¿La solución sería criar más macacos propios? Leech, que representa a compañías farmacéuticas, investigadores privados y algunas universidades de occidente, ha pedido al gobierno británico y a la Comisión Europea que exijan a China que levante la prohibición de exportar NHP para investigación, argumentando que infringe las reglas generales de comercio y aranceles de la Organización Mundial del Comercio.

«Una solución -dice Leech-, sería que los gobiernos occidentales ayudaran a crear la infraestructura para generar NHPs.  Estos animales no se pueden criar simplemente en cualquier lugar”, admite. “Necesitan condiciones subtropicales, ¡no se podría tener una instalación de cría en Noruega! En principio, el sur de Europa sería más adecuado».

Leech destaca que una nueva instalación de cría necesitaría al menos el apoyo del gobierno nacional y  su respaldo: «Inevitablemente se convertiría en un foco de atención de los medios de comunicación (lo cual está bien y deberíamos estar preparados para argumentar por qué necesitamos más instalaciones de cría locales, no deberíamos ocultarlo) y el sector de la investigación biomédica debería argumentar públicamente por qué necesitamos utilizar NHP en la investigación».

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