Las noticias de ciencia más importantes de la semana

Los perros nos entienden, hacha prehistóricas, o islas que crecen de tamaño

 

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Confirmado: los perros entienden (algo de) lo que les dices

Quien no ha dicho alguna vez eso... "Pero que perro más listo, si hasta parece que entiende lo que le digo". Pues bien, realmente si que lo entendía. Porque una investigación realizada por la Universidad de Sussex acaba de demostrar que los perros son también capaces de diferenciar y procesar los diferentes componentes del habla humana.

Los investigadores realizaorn un experimento consistente en instalar dos altavoces digitales a un metro y medio de cada lado del perro para que este entrara a la vez en cada oído. Durante la prueba, realizada con veinticinco ejemplares, los científicos enviaron diferentes señales, dando en unas más importancia al contenido verbal y, en otras, a aspectos como la entonación. Cuando los animales escucharon órdenes en las que el significado de las palabras fue más obvio, estos giraron su cabeza hacia la derecha mostrando actividad en el hemisferio izquierdo del cerebro. Y cuando los científicos exageraron la entonación (lo que hacía primar la información de contexto relacionada con el orador, relativa a su estado de ánimo...), los perros mostraron una mayor tendencia en el hemisferio derecho.

"Esto significa que procesan los componentes del habla por separado, y sugiere que el hemisferio izquierdo del cerebro es más activo para procesar información fonética o verbal del discurso y el hemisferio derecho es más activo en procesar información relacionada con el orador en la señal", explicó Victoria Ratcliffe, directora de este estudio cuyos resultados se publicaron en la revista Current biology.

Lo más curioso es que los humanos procesamos la información relacionada con el lenguaje de un modo muy similar a como hacen los perros lo que, según los investigadores, podría significar que nos encontramos ante un caso de lo que se conoce como evolución convergente.

El ADN sobrevive en el espacio

El ADN es más duro de lo que parece. Científicos de la Universidad de Zurich acaban de descubrir que es capaz de sobrevivir en el espacio, algo que hasta la fecha parecía imposible. "Estamos atónitos, pero la realidad se impone de forma tozuda", afirmó la bióloga Cora Thiel, miembro del equipo que realizó el descubrimiento.

El experimento, bautizado con el nombre de DARE, consistió en fijar una serie de probetas con moléculas de ADN a la capa exterior de la sección de carga de un cohete. La gran sosrpresa vino cuando el ingenio espacial regresó a la Tierra y los investigadores comprobaron que las moléculas serguían intactas en el mismo lugar donde fueron colocadas. No solo habían sobrevivido al espacio sinó incluso a la maniobra de reentrada en la atmósfera terrestre, un instante en el que debido a la fricción de la nave, tuvieron que soportar temperaturas muy elevadas.

"Nuestros resultados", explican los investigadores, "demuestran que no resulta improbable pensar que, a pesar de todas las precauciones y medidas de seguridad, nuestras naves espaciales estén transportando ADN terrestre hasta sus lugares de aterrizaje. Debemos tener esto en cuenta para no equivocarnos en nuestra búsqueda de vida extraterrestre".

Pues eso, que tengan cuidado. A ver si al final el día que por fin nos encontremos con un supuesto alien va a resultar que realmente era de aquí.

Un hacha prehistórica perfectamente conservada

Las obras en el interior de una cueva en la isla danesa de Lolland, han facilitado el hallazgo de una pieza arqueológica casi única: un hacha de piedra con el mango de madera. no es la primera vez que se encuentran herramientas similares, pero lo que ha llamado la atención en esta ocasión es su excepcional estado de conversación.

Según los arqueólogos, la pieza tiene una antiguedad cercana a los 5.500 años y da la impresión de que no ha sido utilizada nunca, lo que hace pensar que tal vez fue construída con la finalidad de que fuera una herramienta para usarla en rituales religiosos o espitiruales. Respecto a su excepcional estado de conservación, los expertos dicen que se deben a los bajísimos niveles de oxígeno que había en el estrato donde estaba enterrada el hacha.

Los arqueólogos también han encontrado en el mismo área huellas fosilizadas de pisadas humanas, y otras herramientas como puntas de flecha y estacas de madera.

Una nueva pista para descifrar el enigma Kryptos

En 1989, el escultor estadounidense James Sanbor recibió el encargo de fabricar una pieza para colocarla en los jardines del cuartel de Langley, la sede de la CIA, en Virginia. Y la obra resultante fue una pieza de bronce con forma de S y de cuatro metros de altura, con una inscripción ininteligible formada por 865 caracteres que ocultan cuatro mensajes cifrados. Por supuesto, se trataba de un acertijo, y Sanbor retaba así a las mentes más brillantes a tratar de resolverlo. Por ese motivo, la escultura se bautizó con el nombre de Kryptos, que significa Enigma

Nueve años después, un analista de la CIA llamado David Stein y el informático James Gillogy, se apuntaron el tanto de lograr descifrar tres de dichos mensajes. Pero el resto seguía resistiéndose. Por eso, en 2010, el propio Sanbor decidió echar una mano a quienes se rebanaban el cerebro rumiando este enigma, ofreciéndoles una pista. Los caracteres del 64 al 69, que podían leerse NYPVTT, realmente significaban Berlín. Pero ni con esas. Kryptos seguía resistiéndose.

Como la cosa se eterniza, el escultor ha querido dar ahora una nueva pista. Y ha dicho que la palabra clave es reloj. Y lo ha hecho motivado por la reciente celebración del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín. "El suceso se produjo cuando yo estaba trabajando en la escultura, así que la obra fue influenciada por aquel acontecimiento", ha explicado el artista.

Así que ya saben, queridos lectores... Si alguno se anima a intentar resolverlo (aquí ni nos lo planteamos; no somos tan listos), que trabaje con estas claves... Berlín y Reloj... Eso sí, creo que no hay premio en metálico para quien resuelva el misterio. Avisados quedan.

Una isla japonesa que crece de tamaño

Nishinoshima es el nombre de una pequeña isla japonesa situada en el Océano Pacífico, a unos mil kilómetros de Tokio, que tiene una extraña cualidad: en un solo año ha ido creciendo hasta llegar a alcanzar un tamaño ocho veces superior al que tenía originalmente.

¿Y cuál es la cuasa? Una serie de erupciones volcánicas que comenzaron a producirse en 2013. La primera de ellas provocó que al lado de la isla surgiera otro islote formado por el material volcánico que, originalmente, fue bautizado como Nijijima. Pero las erupciones posteriores han hecho que los dos bloques de tierra acabaran uniéndose en uno solo.

La nueva Nishinoshima tiene ahora un volumen de 50 millones de metros cúbicos y su punto más alto se encuentra a unos 100 metros sobre el nivel del mar. Las autoridades niponas no descartan que siga creciendo si continúan produciéndose más erupciones.

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