Los 19 mitos más populares de la ciencia

Algunos desmentidos y otros confirmados. Al fin hay respuestas para las preguntas más impertinentes que circulan de boca en boca

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¿Una moneda tirada desde un ras­cacielos ¿puede matar a un peatón? 
 No. Para empezar, porque la aerodinámica de una moneda hace que planee (esto es, que venza la fuerza de rozamiento) como lo hace la hoja de un árbol. Por tanto, a pesar de la velocidad que cogerá la moneda al caer, lo más que podrá provocar es un hematoma, pero nunca un golpe mortal. Una bala, por ejemplo, está fabricada aerodinámicamente para hacer daño (evita el rozamiento).
¿El agua gira en dirección contraria en los desagües del hemisferio sur, a causa de la rotación terrestre? 
No. O podría­mos decir que no es del todo cierto, pues si lo fuera, en un lavabo situado justo en la línea ecuatorial el agua no haría remolino alguno. Lo que sí es cierto es que la influencia de la rotación de la Tierra –el efecto Coriolis, que es teóricamente responsable del sentido del giro del remolino– es mucho menor en el Ecuador. Sin embargo, el movimiento del remolino depende, sobre todo, de la forma del recipiente.

¿Los adultos desarrollan nuevas neuronas? 
Sí. Hace más de una década que sabemos que es así. Hasta entonces se creía que todas las células cerebrales humanas iban desapareciendo sin remisión. Primero aparecieron evidencias de que se producía regeneración neuronal en reptiles y aves, y más tarde supimos que también la había en mamíferos y en humanos. Aunque la mayor evidencia de desarrollo de nuevas neuronas en adultos se demuestra en un estudio de investigadores suecos y neozelandeses publicado en Science el pasado mes de febrero. Este trabajo ha demostrado la existencia de neurorregeneración en el bulbo olfativo, un órgano pequeño que está situado bajo el cerebro, y cerca de la mucosa olfativa. También se han hallado neuronas recién nacidas en una zona del hipocampo relacionada con la memoria y el aprendizaje.
Si todos los chinos saltaran a la vez, ¿cambiaría el sentido de rotación de la tierra?   
No. O digamos, más bien, improbable. Resulta que hay unos 1.313 millones de chinos que viven en la República Popular China. Si alguien consiguiera que saltasen todos a la vez (algo poco probable) y llegaran todos al suelo al mismo tiempo, el efecto sería como la explosión de algo más de medio kilotón. Aunque, eso sí, repartida por una superficie terrestre tan amplia que su efecto no se notaría prácticamente. Porque, aunque pudiéramos coordinar el salto de todos a la vez, no caerían al suelo en el mismo instante, debido a que el salto depende de la fuerza del impulso. Además, la masa de nuestro planeta –cercana a los 5,9 por 1024 kilogramos– supera en más de un millón de veces la de todos los chinos juntos. El efecto sería practicamente inapreciable.
¿Los pollos pueden vivir sin cabeza?  
Sí. Al menos, en una ocasión. Este mito nació con el caso de un pollo llamado Mike que vivió en Fruita, una ciudad de Colorado (EEUU). Parece ser que esta ave vivió sin cabeza durante 18 meses. ¿Cómo? Pues porque el corte que le hicieron dejó intactas la yugular, gran parte del cerebro y un oído. Además, su dueño siguió dándole de comer con una pipeta granos de maíz y leche, lo que la mantuvo con vida y ganando peso. Murió por asfixia, precisamente al ingerir un grano de maíz. En la ciudad de Mike hay hasta una fiesta anual para celebrar su hazaña. Después, muchos otros han intentado emularla, pero no han conseguido vivir más que unas horas.
El pelo y las uñas ¿siguen creciendo después de muerto?  
No. En realidad, lo que sucede es que, cuando morimos, el corazón se para, nuestra sangre deja de fluir y, por tanto, el oxígeno deja de llegar. Esto produce la evaporación del agua, que supone el 80% del contenido de nuestra piel. En otras palabras, nuestro cuerpo se deshidrata. ¿Y qué sucede cuándo, por ejemplo, un filete de ternera pierde agua? Pues que encoge. Pues esto es lo que nos pasa también a nosotros. Así que, no es que las uñas y el pelo crezcan, sino que los dedos y la cabeza encogen.

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¿Pueden caer dos rayos en el mismo sitio?

Sí. Y lo que es más: los rayos tienen querencia por algunos puntos concretos, particularmente los que se encuentran a cierta altura. El Empire State Building, por ejemplo, recibe 25 impactos por rayo cada año. Por eso, los pararrayos son colocados a gran altura. Además, durante una misma tormenta caen varios rayos en el mismo sitio.

Bajo la lluvia, si corres, ¿te mojas menos?

Depende. Sobre todo, de la velocidad a la que corramos y del tiempo que permanezcamos bajo la lluvia. De hecho, existe una ecuación con la que descifrar en qué casos es cierta o falsa esta afirmación. La ecuación es: Densidad de la lluvia que está cayendo, multiplicada ­por la superficie superior de nuestro cuerpo, y a su vez multiplicada por: VR +A (la suma de la velocidad a la que vamos y nuestra área) por Vp (velocidad de la lluvia). Además, a esto se le suma el tiempo que pasamos bajo la lluvia. ¿El resultado? Cuanto más tiempo pases bajo la lluvia, o cuanta mayor velocidad lleves al correr, más te mojarás.

¿Bostezar es contagioso?

Sí. Hasta los chimpancés imitan el bostezo cuando ven a otro congénere bostezar, asegura un estudio de la Universidad inglesa de Stirling. Y según la imágenes de los escáneres cerebrales, parece que en el ser humano se trata de un acto completamente inconsciente que reside en la zona periamigdalar, relacionada también con la expresión facial y su interpretación emocional.

¿Se tarda siete años en digerir un chicle?

No. Los ácidos estomacales no hacen distinción en­tre los diferentes elementos que entran en nuestro sistema digestivo, ya sea matería orgánica o química, como es el caso del chicle. En digerirlo, nuestro es­tómago tardará más o menos lo mismo que con cualquier otro alimento indigesto; unas 20 horas. Dicen que el mito de los siete años fue inventado por las madres que querían evitar las caries que producían los chicles con azúcar.

¿Los gatos siempre caen de pie?

Sí. Estudios científicos de los años 80 avalan que tienen un movi­miento reflejo que les hace “colocarse” en el aire de manera que siempre caen de pie. Eso es posible gracias a su columna inusualmente flexible y a que carecen de un equivalente a nuestra clavícula en su esqueleto. Todo esto les permite amortiguar el golpe desde grandes alturas. De hecho, cuanto más alto, más tiempo les da a reorientarse y preparar el ángulo perfecto de la caída.

¿La gran muralla china se puede ver desde el espacio?

No. Yang Liweu, el primer astronauta chino que viajó al espacio, aseguró al volver: “La Gran Muralla china no se ve desde ahí arriba”. Desde entonces, se ha dado por hecho que esto no era más que un mito erróneo, hasta que la Agencia Europea del Espacio publicó en 2004 unas imágenes que eran, precisamente, de la Gran Muralla tomadas desde el espacio. A los pocos días tuvieron que rectificar, ya que dos investigadores chinos descubrieron que lo que parecía la Muralla no era más que el recorrido de un río que fluye al noreste de Pekín. Lo que sí resulta completamente falso es que se pueda ver desde la Luna. Sin embargo, desde la órbita terrestre (al fin y al cabo, espacio) hay varias construcciones humanas visibles. Así, desde el Shuttle pueden verse autopistas, aeropuertos, e incluso distinguir vehículos (a 217 kilómetros de altura). También las pirámides de Giza, por ejemplo, han sido fotografiadas desde el espacio varias veces (a unos 227 kilómetros de altura).

¿Los animales prevén los terremotos?

Sí. Un estudio realizado con perros en la Universidad de Columbia (EEUU) demuestra una evidente alteración previa a movimientos sísmicos importantes. También, un científico que estudiaba dos manadas de elefantes en Sri Lanka durante el tsunami de 2004 vio cómo estos animales huían tierra adentro. Pero ¿qué les pone sobre aviso? Pues una teoría asegura que son capaces de sentir cambios en el campo electromagnético de la Tierra (aunque hay quien niega que estos cambios se produzcan realmente) y otra, que “huelen” gases ema­nados antes de un terremoto, como el radón y el hidrógeno.

¿Se puede morir de risa?

Sí. La denominada hilaridad fa­tal, que así se ha llamado esta risa mortal, tuvo como primera víctima al filósofo griego Crisipo de Soli. ¿El mo­tivo de tanta carcajada? Ver a su bu­rro alimentarse de higos. El último ca­so: un físico danés llamado Ole Bentzen, quien falleció en 1989 “gracias” a la película Un pez llamado Wanda. En una escena de esta, su pul­so aumentó de 250 a 500 pulsaciones por minuto, lo que le provocó un ataque cardíaco

¿En una nave espacial hay gravedad cero?

No. La culpa de que creamos que nada está sujeto a la atracción gravitatoria dentro de una nave la tiene, seguramente, el término “gravedad cero”, que no significa ausencia de gravedad, sino microgravedad, un estado en el cual la única fuerza que actúa sobre el cuerpo es precisamente la gravedad. Parece que los objetos están carentes de peso, pero realmente se encuentran en continua caída libre hacia la Tierra, y se mantienen en vuelo a causa del movimiento horizontal de la nave. Es la situación en la que se encuentra la Luna, por ejemplo, en la órbita terrestre..

¿Los hombres piensan en sexo cada siete segundos?

No. En realidad es cada 52 segundos, según afirma la neuróloga estadounidense Louann Brizendine en su obra El cerebro femenino. Y este dato contrasta con la única vez al día en que, siempre según Brizendine, piensa en sexo una mujer. Para llegar a esta conclusión, ha analizado la actividad cerebral de hombres y mujeres utilizando las últimas técnicas de resonancia magnética.

¿La boca del perro es tan limpia como la nuestra?

No. Simplemente, la flora bacte­riana de la boca de un perro es diferente de la nuestra. El mito proviene de que parece demostrado que la saliva de los canes tiene una sustancia cicatrizante. De ahí que se “laman las heridas”. Sin embargo, esto no significa que no puedan adquirir infecciones que después puedan ser trasla­dadas al ser humano.

¿Los peces tienen solo unos segundos de memoria?

No. Este mito nace de la leyenda que dice que los peces dorados tienen solo tres segundos de memoria. Sin embargo, hay 125 tipos distintos de “pez dorado”, y no hay estudios de todos. El profesor Yoichi Oda, de la Universidad de Osaka (Japón), lleva años estudiando la memoria de estos peces, y ha demostrado que son capaces de recordar, por ejemplo, el lugar al que tienen que volver para comer.

¿Usamos el 10% de nuestro cerebro?

No. De hecho, los escáneres cerebrales (fMRI) demuestran que el ser humano activa partes diferentes (y más o menos amplias) de su cerebro según la actividad que esté realizando.

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