Los reflejos difusos de los satélites y la basura espacial contribuyen mucho más de lo que creemos a la contaminación lumínica en la Tierra

Los satélites contaminan, pero no se trata de contaminación atmosférica, sino lumínica. Según revela un estudio de la Universidad de Bratislava, publicado por la Royal Astronomical Society, la luz orbital dispersa ilumina nuestras noches en al menos un diez por ciento, algo que se produce en todo el planeta.

Como resultado, ya no hay ningún lugar absolutamente oscuro en la Tierra. Los astrónomos advierten que los planes de poner en órbita miles de satélites como el proyectos Starlink de Elon Musk, creador de Tesla, puede agravar aún más el problema.

Hoy en día más del 80% de la población mundial vive bajo un cielo nocturno anormalmente luminoso, porque la iluminación artificial y su luz parásita, reflejada en la atmósfera, dan lugar a un brillo permanente. En todo el mundo, la contaminación lumínica sigue aumentando, como demuestran las mediciones de  International Dark-Sky Association.

El brillo de las noches no sólo dificulta la observación astronómica del cielo, sino que también altera el reloj interno de los seres humanos y los animales.

Los satélites que mataron las estrellas

Sin embargo, la iluminación artificial de las ciudades no es la única asesina de las estrellas. Los satélites y los desechos espaciales de mayor tamaño en la órbita de la Tierra también pueden iluminar las noches, actuando como pequeñas lunas que reflejan la luz solar, y aparecen como rayas brillantes en las imágenes de los telescopios.

Además de estas líneas puntuales, la reflexión difusa de la luz solar de los satélites también provoca la llamada luz parásita. Con cerca de 3.400 satélites activos y decenas de miles de piezas de desechos espaciales de mayor tamaño, esta luz orbital dispersa podría ser suficiente para iluminar la oscuridad de la noche.

El equipo de investigadores de Bratislava decidió medir exactamente cuánta iluminación nocturna se debe a los objetos orbitales. En su modelo calcularon cuánta luz solar es reflejada de media por un objeto de este tipo y qué proporción de ella se dirige hacia la Tierra como luz dispersa.

Basura espacial en órbita alrededor de la Tierra. Fuente: ESA

El resultado: sólo los satélites y los desechos orbitales existentes iluminan la noche con una media de entre 16 y 20 microcandelas por metro cuadrado. Esta cantidad equivale al diez por ciento del brillo natural del cielo por la noche y, por tanto, está por encima del umbral crítico que la Unión Astronómica Internacional (UAI) clasificó en 1979 como límite superior aceptable para la contaminación lumínica en lugares astronómicos.”

Es decir, ya no hay ningún sitio idóneo para la observación astronómica, ni siquiera en enclaves privilegiados como el Roque de los Muchachos en la isla de La Palma. Esta contaminación lumínica también alcanza estos lugares.

Viaje al Roque de los Muchachos: el cielo más limpio de Europa

El verdadero alcance de la contaminación lumínica orbital podría ser aún mayor, ya que en sus cálculos sólo tuvieron en cuenta los satélites y los restos conocidos, pero quedan muchos objetos orbitales por identificar.

Las megaconstelaciones previstas de miles de nuevos satélites para dar Internet de banda ancha a todo el planeta, como Starlink, Amazon, OneWeb y otras empresas vienen con un coste añadido: la capacidad de observar el cielo adecuadamente desde la superficie terrestre se verá aún más disminuida. El cielo nocturno estará contaminado no solo para los astrónomos, sino que todos los habitantes de la Tierra habrán cambiado las estrellas por una conexión a Internet.

REFERENCIA

The proliferation of space objects is a rapidly increasing source of artificial night sky brightness