Ida no es un eslabón

Otros ya intentaron ser la especie intermedia entre humanos y monos

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Se dio a conocer en: mayo de 2009. Tipo de animal: un adapoide, antiguo primate semejante a un lémur. Edad: 47 millones de años. Lugar: Messel (Alemania). Interés científico: Su esqueleto está prácticamente completo, y su combinación de rasgos ayudará a resolver los vínculos entre los primates modernos y ciertos primates fósiles. Si sus descubridores están en lo cierto, servirá para zanjar el origen de los primeros antropoides, es decir, los primeros monos, nuestros antepasados.

El 19 de mayo de 2009 todo el planeta conoció el exquisito fósil de Ida, un cachorro hembra de primate de hace 47 millones de años. La publicación de su estudio científico se hizo coincidir con una campaña publicitaria sin precedentes en el mundo de la paleontología. De repente, ya estaba hecho el documental, el sitio web interactivo y el libro, que se titula El eslabón. Pero, ¿es Ida el eslabón perdido?

Las exageraciones sobre Darwinius masillae (el nombre científico de Ida) provocaron desagrado, suspicacia y sarcasmo en muchos científicos. No era para menos: Ida, “la octava maravilla”; Ida, “el fósil que lo cambiará todo”; Ida, “el fósil que conecta al hombre con los demás mamíferos”; Ida, el hallazgo que “valida a Darwin”; Ida, “el eslabón perdido que finalmente se ha encontrado”… Tal y como se estaba describiendo el hallazgo, parecía como si la ciencia se hubiera quedado estancada en el siglo XIX.

El principio de la cadena

Los científicos de la época de Darwin arrastraban consigo un lastre filosófico, una rémora que aún hoy da coletazos: la Escala de la Naturaleza, también llamada Gran Cadena del Ser. Según esta noción, todos los seres del Universo pueden ordenarse formando una larga cadena en la que los eslabones más perfectos están cada vez más arriba. Entre los animales (dejamos aparte a los ángeles y a Dios), el hombre era el eslabón superior. Bajo el eslabón humano se sucedían, una por una, el resto de las especies.

El perro era un eslabón superior a la oveja, el águila estaba por encima de la paloma, los peces debajo de las aves, los insectos debajo de los peces… Pero Charles Darwin descubrió que los seres vivos no podían ordenarse científicamente en una cadena. Las relaciones entre ellos eran diferentes, más complejas. Eran relaciones de transformación y de parentesco. Los seres vivos formaban un inmenso árbol genealógico con ramificaciones y extinciones. Darwin halló pruebas variadas, y los científicos posteriores las multiplicaron. Desde hace un siglo, el parentesco en forma de arbusto se considera un hecho científico.

(¿Quieres conocer los eslabones futuros?)

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