¿Transmiten más emoción las imágenes que las palabras?

Puede que sí. Pero hay otra posibilidad: que las imágenes emotivas nos provoquen más sed que las palabras.

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Mary Pickford, estrella del cine mudo, ya lo tenía muy claro: vale más una imagen que algunas palabras.

¿Es posible que una imagen apenas perceptible, proyectada en una pantalla, produzca una carga emocional mayor que las palabras? De acuerdo con un reciente estudio, publicado en Frontiers in Psychology, la respuesta es sí.
"Queríamos comparar dos tipos de estímulos emocionales que las personas encuentran en su vida: palabras e imágenes – explica Piotr Winkielman, líder del estudio, en un comunicado – . También probamos si importa si estos estímulos se presentan muy brevemente o durante un período de tiempo más largo".
El equipo de Winkielman pidió a un grupo de estudiantes que clasificaran objetos, rostros y palabras en un ordenador. Mientras mostraban una serie de imágenes emocionalmente neutrales en rápida sucesión, los investigadores incluyeron breves destellos de caras, imágenes o palabras que fueron positivas o negativas. Después de la tarea, los investigadores le proporcionaron a los voluntarios una bebida y les permitieron beber todo lo que quisieran.
El vínculo entre las emociones y las ansias de beber, lo estableció Winkielman en un estudio previo, realizado con voluntarios sedientos expuestos a diferentes estimulos.
El primer experimento comparó el efecto de palabras emotivas, como "panda" (positivo) y "cuchillo" (negativo), con expresiones faciales felices (positivas) y enojadas (negativas). El segundo comparó el efecto de palabras emotivas con imágenes de objetos con carga emocional, como un arma de fuego o un cahorrillo.

Los resultados mostraron que los participantes bebían más después de ver caras felices que después de ver caras de enfado y lo mismo con los objetos positivos y negativos. Por el contrario, las palabras positivas no aumentaban el consumo de bebida.
"Descubrimos que las imágenes emotivas de los objetos alteraban la cantidad que los participantes bebían – añade Winkielman –. Algo que se producía con las palabras que, de algún modo, no tenían poder a pesar de que ellos mismos las habían clasificado previamente como emotivas”.

Sorprendentemente, las imágenes casi invisibles, que se mostraban apenas 10 milisegundos, tuvieron el mismo efecto que las imágenes visibles durante 200 milisegundos.
El próximo paso para el equipo de Winkielman es averiguar por qué las imágenes emotivas son más poderosas que las palabras emotivas. La hipótesis es que las imágenes con carga emocional pueden hablarnos más directamente que las palabras, que pueden ser matizadas y ambiguas, y pueden requerir más reflexión antes de que nos afecten.

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