El hambre, una cuestión climática

Más de 500 millones de pequeñas granjas basan su alimentación en el 80% de lo que son capaces de producir.

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El estudio analizó dos mil granjas en Asia y África. Crédito imagen: Mitchell Maher/International Food Policy Institute

Muy poca lluvia al igual que un exceso, a menudo resulta en un impulsor de la pobreza y el hambre. Así lo señala un estudio publicado en Scientific Reports, que indica que los patrones de lluvia también proporcionan pistas sobre cómo aliviar la inseguridad alimentaria de la manera más efectiva.
Se trata de la primera investigación en analizar a gran escala la relación entre la inseguridad alimentaria en las zonas agrícolas de África y Asia, los patrones de precipitación y una serie de intervenciones, desde insumos agrícolas hasta prácticas agrícolas y apoyos financieros.

Las regiones analizadas son pequeñas explotaciones con recursos limitados que dependen de la familia para el trabajo y de los cultivos de la operación para obtener alimentos o ingresos. Se estima que hay entre 460 y 500 millones de pequeñas granjas en el mundo, que cultivan el 80% de los alimentos que se consumen en los países de bajos ingresos.
En total el estudio examinó las experiencias de casi 2.000 granjas pequeñas en 12 países de ambos continentes. Las granjas en el estudio se agruparon en tres categorías: aquellas que recibieron menos de la media de lluvia por año, las que recibieron lluvia promedio y las que recibieron más de la media.

Los resultados mostraron que las granjas más secas experimentaron una inseguridad alimentaria durante más tiempo, un promedio de 3.81 meses, mientras que las granjas más húmedas también vivieron una situación similar, aunque más breve: 2.86 meses. La única constante común entre todas las explotaciones fue la necesidad de disponibilidad de fertilizantes, independientemente de la cantidad de lluvia que recibiera.
“La mayoría de las pequeñas explotaciones dependen de la agricultura de secano – señala Meredith Niles, la autora principal del estudio –, por lo que son vulnerables al cambio climático, lo que probablemente incremente la variabilidad de las precipitaciones. Nuestro trabajo sugiere que, de no haber intervenciones apropiadas, estas condiciones futuras pueden empeorar la inseguridad alimentaria”.

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