Los generosos lo llevan en el corazón

O al menos lo escuchan, según afirma un reciente estudio

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Aquellos que mejor sabían reconocer sus ritmos cardíacos, donaban más dinero.

Se dice que las personas altruistas tienen buen corazón y una nueva investigación publicada en Scientific Reports parece darle la razón: aquellos más generosos están más en contacto con sus propios corazones.
El estudio, liderado por Jane Aspell, de la Universidad Anglia Ruskin, es el primero en señalar una posible razón fisiológica por la cual algunas personas son más caritativas que otras.
El equipo de Aspell seleccionó un grupo de voluntarios que participaron de un juego de ordenador que implicaba elecciones para compartir sumas de dinero entre ellos y otro participante que no conocían. Las elecciones afectaron la cantidad de dinero real que ellos y el otro participante recibieron al final del estudio. El juego tiene similitudes con las donaciones caritativas de la vida real, en las cuales los receptores no conocen personalmente a los donantes.

Al mismo tiempo se les realizó otra prueba: mientras se les sometía a un electrocardiograma (ECG), los participantes escuchaban, sin sentir su propio pulso, una serie de sonidos sincronizados o no con los latidos de sus corazones. Los resultados mostraron que la generosidad de los participantes estaba directamente relacionada con su capacidad para detectar sus propios latidos cardíacos: aquellos que en promedio fueron un 10% mejores para detectar los latidos donaron 6€ más que los otros participantes.

“Nuestros resultados – concluye Aspell en un comunicado – mostraron una asociación directa entre la sensibilidad a los latidos del corazón y la generosidad, pero se necesita más investigación para comprender por qué existe esta relación. Puede ser que una situación emocionalmente, como decidir si donar o no dinero, provoque un cambio en el ritmo cardíaco. Este cambio corporal puede sesgar la toma de decisiones hacia la opción generosa en aquellas personas que son mejores para detectar los latidos del corazón. Estos hallazgos sugieren que, en cierto sentido, las personas "escuchan su corazón" para guiar sus comportamientos desinteresados”.

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