Líquidos que emiten radiación

Se trata de una nueva tecnología que evita el uso de grandes instalaciones e impactará en campos como la astronomía o la medicina

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Láser de femtosegundos similar al utilizado en el experimento. Crédito imagen: University of Colorado and the National Science Foundation

La búsqueda de fuentes de radiación nuevas y más brillantes es un objetivo de larga data en el campo de la ciencia. Si bien es cierto que hay muchas fuentes de radiación en todo el espectro electromagnético, la región de terahercios (entre la infrarroja y la de microondas) ha sido un desafío y solo en las últimas dos décadas han comenzado a estar disponibles, aunque en infraestructuras de gran tamaño y alta complejidad, como los como láseres de electrones libres. Las fuentes compactas, en cambio, dependen de antenas semiconductoras y cristales especiales, pero su potencia es escasa, habitualmente en el nivel de nanojulios (milmillonésima de joule, nJ) o menos, lo que no permite muchas aplicaciones.
Básicamente, la radiación de terahercios es la emitida por cualquier cuerpo negro de una te temperatura mayor a 10º kelvin o -263ºC. Esta emisión térmica es, obviamente, muy débil, pero resultan importantes en campos como la astronomía, la seguridad (rastreo de explosivos) o las imágenes médicas.

Durante mucho tiempo, los expertos en esta área han creído que los líquidos no podían emitir radiación en este rango, ya que reabsorberían todo lo que se generara. Sin embargo, un equipo del investigadores del Tata Institute of Fundamental Research (TIFR) de la India, ha demostrado que es posible conseguirlo. En una serie de experimentos, descritos en Nature, irradiaron líquidos de laboratorio comunes, como metanol, acetona, dicloroetano, disulfuro de carbono e incluso agua, con pulsos de láser de femtosegundos de energía moderada, ionizando el líquido y formando largos canales de plasma llamados filamentos. Al medir las energías, descubrieron que obtenían 50 microjulios, miles de veces más las energías emitidas por la mayoría de las fuentes existentes y 10-20 veces mayores que las producidas por el aire.
Los investigadores del TIFR son optimistas sobre las aplicaciones de esta nueva tecnología ya que no precisa de grandes infraestructuras. Su uso podría abarcar desde la medicina, el análisis de materiales, la detección de explosivos y la óptica no lineal de terahercios.

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