¿Qué mecanismo permite que podamos reconocer las caras de nuestros conocidos?

Un nuevo estudio realizado con primates consigue descodificar el código para la identidad facial

Leer la mente es algo que nos parece más digno de la ciencia ficción que de nuestro tiempo. Pero un grupo de investigadores ha logrado replicar los rostros humanos que veían un grupo de monos macacos con solo observar las ondas cerebrales del animal.

Para llevar a cabo esta hazaña, los científicos colocaron electrodos en el cerebro de los primates y observaron su actividad mientras les mostraban fotografías de personas conocidas y desconocidas. Dichos electrodos, podían registrar las señales individuales de las células de una sola cara. Fue así como descubrieron que cada célula de cara se iluminaba en proporción a la proyección de un rostro sobre un solo eje en el espacio de 50 dimensiones faciales. Al saber cuáles eran estos ejes, los investigadores pudieron desarrollar un algoritmo que les permitiese descodificar caras adicionales partiendo de respuestas neuronales. Es decir, ahora, cada vez que mostraban al primate un nuevo rostro de forma aleatoria, podían recrear la cara que el macaco estaba viendo con solo observar la actividad eléctrica de las células en el cerebro del animal.

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El estudio, publicado en la revista Cell, da respuesta a uno de los problemas más complejos de la neurociencia: cómo el cerebro es capaz de reconocer las caras. Además, nos deja con la duda de si nuestros pensamientos más profundos son ya accesibles a la exploración científica. Doris Tsao, autora principal de la investigación, considera que el estudio puede tener consecuencias prácticas ventajosas en el futuro. Como bien explica, "es imposible describir un rostro usando solo palabras. Podemos imaginar aplicaciones en la medicina forense, donde se podría llegar a reconstruir la cara de un criminal con solo analizar la actividad cerebral de un testigo.

Por su parte, el profesor Rodrigo Quian, un neurocientífico de la Universidad de Leicester que no participó en la investigación, ha valorado el trabajo como "una revolución en la neurociencia que resuelve un misterio de hace décadas".

Fuente: theguardian.com

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