El superordenador que puede llevarse en la mano

Tiene la potencia de 10.000 ordenadores normales y consume un 99% menos de energía

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El nombre es un homenaje a Jocelyn Bell Burnell, quien bautizó al primer púlsar como Pequeño Hombre Verde. Crédito imagen: Simon Portegies Zwart (Leiden University)

Es capaz de realizar 200,000,000,000,000 cálculos por segundo (0,2 PFlops), lo que lo equipara a la potencia de 10.000 ordenadores normales. Apenas tres lustros atrás hubiera sido decenas de veces más potente ASCI Red (el de mayor potencia entonces). Y, por si fuera poco tiene el tamaño de cuatro cajas de pizzas. Se trata de Little Green Machine II y fue construida por un equipo de científicos holandeses de la Universidad de Leiden con la ayuda de IBM.
“Nuestro diseño es muy compacto – afirma en un comunicado el líder del proyecto, Simon Portegies Zwart –, se puede transportar con una bicicleta y además utiliza sólo el 1% de la electricidad de un superordenador similar”.
Los responsables utilizaron cuatro servidores con cuatro tarjetas gráficas especiales cada una y las conectaron por medio de una red de alta velocidad. Pese a que habitualmente se piensa en tarjetas gráficas como algo para videojuegos, estas han sido diseñadas para realizar un gran número de cálculos científicos.
“Hemos mejorado en gran medida la comunicación entre las tarjetas gráficas en los últimos seis meses – añade el astrónomo Jeroen Bédorf –, por lo que podríamos conectar varias tarjetas para formar un conjunto. Esta tecnología es esencial para la construcción de un superordenador, pero no sirve para videojuegos”.
El nombre de Little Green Machine fue elegido debido a su pequeño tamaño y bajo consumo de energía, pero también es un guiño a Jocelyn Bell Burnell, la astrónoma que descubrió el primer pulsar de radio en 1967 y al que bautizaron LGM-1: Little Green Men.
Este superodenador será utilizado por investigadores en oceanografía, informática, inteligencia artificial, simulaciones financieras y astronomía. Para probar su desempeño los investigadores simularon la colisión entre la Vía Láctea y la galaxia de Andrómeda, algo que ocurrirá en unos cuatro mil millones de años.

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Imagen de la simulación del choque entre la Vía Láctea y la galaxia de Andrómeda.

Crédito: Jeroen Bédorf (Leiden University)

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