La radiactividad que nadie ha visto pero todos buscan

Serviría para explicar uno de los grandes dilemas del Big Bang

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Los expertos están a la caza y captura de una partícula que explicaría la asimetría materia-antimateria. Crédito imagen: GERDA

El momento: 13.700 millones de años atrás. El lugar: Ninguno. Y todos. Es el Big Bang. De acuerdo con el modelo estándar de la física, el Big Bang habría producido cantidades iguales de materia y antimateria, pero ambas se habrían cancelado mutuamente. Obviamente esto no ocurrió y los planetas, los satélites, los aceleradores de partículas, los árboles…todo está formado por materia. Entonces la pregunta es…¿qué ocurrió con la antimateria?
La respuesta podrían tenerla, por un lado, los neutrinos, esas partículas mínimas que rozan la velocidad de la luz, no tienen carga, no sabemos su peso y tampoco interaccionan con casi nada en el Universo. Y también con sus némesis: los antineutrinos, las antipartículas de los neutrinos, producidas en la desintegración beta del núcleo de un átomo. Básicamente antimateria en su mínima escala.

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Es en este momento cuando hace su entrada la radiactividad. En la desintegración regular de partículas radiactivas, un neutrón se descompone en un protón positivo, un electrón negativo y un antineutrino. A este proceso se lo conoce como decaimiento beta y casi siempre es igual…excepto en los átomos de germanio, en los que el proceso es doble: dos neutrones decaen simultáneamente… pero no hay antineutrinos. De este modo la materia ganaría sobre la antimateria. El pequeño, mínimo inconveniente, es que esto es muy difícil de detectar porque implica trabajar con neutrinos. Pero no es imposible. Un grupo internacional de expertos están utilizando el experimento Germanium Detector Array (GERDA) en Italia, para observar el decaimiento e intentar, de una vez, comprender qué ocurrió con la antimateria o por qué perdió para que nosotros, la materia, ganáramos.

Se trata de un experimento increíblemente complejo. Los científicos sitúan 35.6 kilos de germanio en el interior de una piscina de argón líquido que a su vez se encuentra en una piscina aún más grande de agua. Todo ello es para aislar lo más posible al germanio y observar en detalle su decaimiento. Y por ahora, según afirman los autores en un estudio publicado en Nature, el experimento está funcionando de acuerdo con lo esperado: “Poder ver esta desintegración tendría importantes consecuencias para nuestra comprensión de la física de partículas y la cosmología”, concluye el equipo en el artículo.

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