Contaminantes prohibidos en los años 1970, han llegado al lecho marino

Así lo afirma un estudio que analizó las mayores profundidades de los océanos

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Casi no quedan lugares sin contaminar en el planeta. Crédito imagen: Petr Kratochvil

Es algo poco frecuente escuchar hablar de los anfípodos. Estos crustáceos cuentan con más de 7.000 especies descritas, algunas de ellas presentan una enorme diversidad y abundancia, sobre todo las que viven en los fondos marinos. Un grupo de científicos de la Universidad Newcastle, liderado por Alan Jamieson ha analizado estas pequeñas criaturas, particularmente las que habitan en las fosas de las Marianas y la Kermadec, en el océano Pacífico. Ambas tienen una profundidad de 10.000 metros y están separadas por unos 7.000 km de distancia.

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Los expertos encontraron niveles extremadamente altos de contaminantes orgánicos persistentes (POPs) en el tejido graso de estos organismos, entre ellos bifenilos policlorados (PCB) y éteres difenílicos polibromados (PBDE), utilizados como aislantes eléctricos y retardantas de llama. Desde los años1930 hasta su prohibición en la década de 1970, la producción global de estos productos químicos se situó en torno a 1,3 millones de toneladas.
Estos contaminantes, liberados en el medio ambiente por accidentes industriales, vertidos y fugas, pueden quedarse en el ecosistema durante décadas.
“Todos pensamos que el océano profundo – explica Jamieson en un comunicado – es un remoto y prístino reino a salvo del impacto humano. Pero nuestra investigación muestra que, lamentablemente, esto está muy lejos de la verdad. De hecho, los anfípodos que analizamos, contenían niveles de contaminación similares a los que habitan la Bahía de Suruga (en Japón), una de las zonas industriales más contaminadas del noroeste del Pacífico. Lo que aún no sabemos es qué impacto produce esto en todo el ecosistema. Comprenderlo será el próximo paso”.
El estudio, publicado en Nature Ecology & Evolution, señala que los contaminantes probablemente llegaron hasta las profundidades marinas a través de residuos plásticos contaminados y animales muertos que luego son consumidos por anfípodos y otra fauna, que a su vez se convierten en alimento para una fauna más grande.
“Haber encontrado niveles tan altos de estos contaminantes en uno de los hábitats más remotos e inaccesibles de la Tierra, demuestra el impacto devastador que la humanidad está produciendo en el planeta”, concluye Jamieson.

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