¿En qué consiste la guerra de los oleoductos de Trump?

El presidente de Estados Unidos ha aprobado la construcción de dos sistemas de transporte de petróleo que Obama había descartado

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Pese a los informes negativos, la construcción comenzaría en breve. Crédito imagen: U.S. Geological Survey

Era bastante lógico que el primer conflicto de Donald Trump, fuera con el presidente saliente, Barack Obama. Si una de sus primeras medidas fue cambiar la alfombra de la sala Oval, descartar un busto de Martin Luther King para colocar uno de Churchill y cambiar las cortinas, ahora ha dado un paso fuera de la Casa Blanca firmando órdenes para la construcción de dos oleoductos que Obama había rechazado.
El primero oleoducto es el Dakota Access Pipeline (DAPL), que recorrería 1.882 kilómetros (aproximadamente la distancia entre Madrid y Berlín) y serviría para transportar entre 470.000 y 570.000 barriles de crudo al día. El trazado previsto atravesaba tierras de la tribu Sioux Rock, en particular pasaba por debajo del lago Oahe. Un informe del Ejército, señalaba que cualquier problema con fugas o roturas podría perjudicar el suministro de agua de la reserva. Y negó su aprobación para llevarlo a cabo. De hecho, Jo-Ellen Darcy, secretaria del Ejército para obras civiles, afirmó en un comunicado, que “La mejor manera de completar ese trabajo de manera responsable y expedita es explorar rutas alternativas para el cruce del oleoducto”.

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Por otra parte, el proyecto Keystone XL (KXL), costaría unos 8.000 millones de dólares y se extendería por una distancia similar al DAPL, desde Canadá hasta el Golfo de Texas. Obama lo habría bloqueado en 2015 ya que no contribuiría significativamente a la economía y aumentaría la dependencia que tiene el país en relación a los combustibles fósiles.
Pero para Trump estos no son obstáculos. De hecho aseguró que el último de los oleoductos “generará 28.000 empleos en el área de la construcción”. También señaló que el acero que se utilizará será fabricado en el país.

La afirmación contradice un informe publicado por el Departamento de Estado en 2014, que afirma que si bien se crearán 42.000 puestos de trabajo durante la construcción, 26.000 de ellos serán para satisfacer las necesidades de los 16.000 que trabajarán en la obra. Una vez terminado el proyecto KXL, generará unos 35 empleos fijos y 15 temporales, algo que según el informe, es “un impacto insignificante”.

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